REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Con una bota encima, sólo queda desobedecer

Una excursión a los Mapunkies

Agustina Paz Frontera

Editorial Pánico el Pánico, 2013.

135 páginas, $ 60,-

“…me merecía, lo sabía y me lo decía para adentro, que me tomaran como cautiva y cenaran mis caderas esa misma noche”. Agustina Paz Frontera (1981) publica su primer libro bajo el signo de una antropología resignificada, en la que se opera un cruce entre un material académico ficcionalizado y unas notas autobiográficas que sostienen una trama con aristas iniciáticas. Todo comienza con un viaje, en cuyo avance se intuye una intención de otorgar visibilidad a la problemática de los pueblos originarios -la comunidad mapuche y sus categorizaciones internas- desde un prisma que es en un primer momento íntimo y que luego se expande hacia un territorio común.

A partir del quinto capítulo la relación entre lo individual y lo colectivo se entremezcla, complejizando la visión de la protagonista que se libera del discurso técnico para dar lugar a reflexiones salidas más de sus entrañas que de los esquemas sociológicos. Si bien gravita sobre el texto una apoyatura conceptual que va desde Rousseau hasta Esposito, la voz de la narradora no pierde por ello vitalidad a la hora de elaborar toda una teoría del Pueblo y del Estado que no se separa de la historia como tal, sino que la enmarca y decodifica, y en donde el punk y el hip-hop son motivos que en parte cohesionan y en parte acompañan.

La relación especular con los estereotipos -ella misma como winka/blanca, el yanqui progre que no puede renunciar a su disposición paternalista, los mapurbes fagocitados por la urbe, los lenguajes radicalizados de cierta parte de la comunidad mapuche- produce en el devenir de los acontecimientos una suerte de movimiento pendular que es inclusivo en cada ir y venir, en cada traslado. Así, el conjunto narrativo se agranda, proyectado hacia un final de viaje que se despliega en geografías tanto externas como internas. En ese ir volviendo a Buenos Aires, la winka/blanca se reconoce como tal y asume tímidamente cierto lugar en el mundo que, si bien le disgusta, se le ha hecho al menos autoconsciente. Quizás no esté lista para un salto al vacío del compromiso, pero ya tiene la certeza de que “con una bota encima, sólo queda desobedecer”.

Será interesante observar cómo Agustina Paz proyecta ese salto hacia adelante, desde este comienzo sostenido con densidad.

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Esta entrada fue publicada en 20 mayo, 2013 por en Reseña y etiquetada con , , .

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