REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Una literatura que imagina otros mundos posibles

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Dakota Editora se presenta como un “proyecto con base en Buenos Aires dedicado a la publicación y traducción de autores jóvenes de América. Nació en 2012 con la idea de favorecer la difusión de escritores de todo el continente, y de establecer nuevas vías de comunicación en tiempo real entre sus distintos países que salten las barreras lingüísticas y los caminos de circulación literaria tradicionales.”

Al momento de realizar esta entrevista, la editorial cuenta con tres libros editados: hoy el cielo está azul y blanco con manchas azul brillante y una luna pálida y pequeña y voy a destruir nuestra relación hoy de Tao Lin, antología de entradas inéditas del blog de un empleado mexicano de panda express de Megan Boyle y La masacre en Reed College, de Fernando Montes Vera, ganadora del premio Dakota de Novela 2012. Están preparando también por lo menos dos nuevos libros de pronta aparición.

Con la incógnita sobre si el editor sería tan predicativo en sus respuestas como los títulos de los libros publicados, nos acercamos a Lucas Mertehikian para hacerle algunas preguntas.

 

¿Cómo empezaron con Dakota?

En el 2011 Valeria Meiller y yo habíamos empezado a leer un conjunto de autores norteamericanos, los más interesantes eran Tao Lin y Megan Boyle. Valeria había traducido un librito de Tao Lin que salió el año pasado por Triana que se llama “Hikikomoris”. Entonces en eso empezamos nosotros a traducir, medio informalmente, cuando el libro de Megan todavía no se había publicado, estaban circulando algunos pedacitos por blogs, y seguimos leyendo autores que giran alrededor de Tao Lin, que es la figura aglutinante del grupo, como Ben Lerner. Lo empezamos a leer por recomendación de su traductor al castellano, Guido Gerzovich, que nos acercó a él. Después resultó que Ben Lerner es uno de los poetas preferidos de Tao Lin, y así se armó una constelación de autores norteamericanos que nos interesaban, que no habían sido traducidos y que pertenecían todos a la misma generación. Nos parecía además que lo que hacían tenía mucho que ver con cosas que se estaban haciendo o se habían hecho acá. Algunas reseñas dicen que se parece a lo que hacían antes Cecilia Pavón o Fernanda Laguna.

 

Entonces, uno de los criterios de selección de la editorial es generacional. ¿Creés que ese dato se traduce en algún rasgo de estilo común a los autores?

Hay muchos autores en una misma época, pero algunos se juntan y otros no. La operación de juntar a Tao Lin y Megan Boyle en un mismo catálogo no la inventamos nosotros, la hicieron ellos en su propia editorial. Me parece que ahí puede funcionar un concepto de generación ampliado, creo que hay una constelación de temas, pero no sé si lo llamaría estilo porque libros como los de Megan Boyle trabajan en contra del estilo, una especie de escritura tan despojada, tan vaciada de metáforas, de carga retórica, que en realidad parecería que es todo lo contrario a lo que uno identifica con un estilo. Lo raro es que después eso no pasa en otros libros, como el de Ben Lerner, que es un libro muy denso, retóricamente muy cargado. Sin embargo, hay algunas obsesiones temáticas y estilísticas que comparten. Ahí sí me parece que es interesante leerlos como parte de la misma generación, como por contagio, como si en una época no pudiera escribirse sin esos elementos. Internet es uno de ellos, pero también hay en todos una interrogación por el estado de lo artístico, de lo literario, de qué puede ser arte y qué literatura.

 

Uno de los problemas al que este grupo más atiende es la hibridación de soportes tecnológicos. Empiezan escribiendo en la web y después lo pasan a un libro, hacen compendios de twitts y los editan en papel, y todo eso le da un status diferente al libro. Desde la editorial, ¿qué piensan de eso?

En principio me interesan más los efectos que produce en la circulación de los textos y los nuevos estilos que permite, que el soporte en sí. Que el twitter de Tao Lin pueda considerarse parte de su obra, me interesa por los efectos que tiene sobre la otra porción de su obra, estos cuentos que tradujimos. Qué tipo de efecto genera un tumblr, un blog o un twitter sobre el libro que está efectivamente ahí. Me parece que son escrituras que son indisociables del contexto en el que se generan y ese contexto es internet. De hecho, hace poco Megan hizo un experimento: blogueó 48 horas seguidas lo que hacía, que obviamente era igual a lo que hacía cualquiera, solo que en algunos puntos no se distinguía qué estaba haciendo para contar en el blog y qué es lo que estaba haciendo porque lo estaba haciendo y después lo contaba en el blog. Me parece que lo más interesante de esa hibridación de soportes y de ese vivir en red, es cómo se abre lo que parece ser un nuevo campo entre la literatura y vida. Que en definitivamente existió siempre, siempre estuvo esa obsesión por hablar de la vida, reflejarla, representarla.

 

En ese contexto, ¿qué creés que puede hacer un editor por la literatura? ¿Qué es lo que quieren hacer con Dakota?

Dos cosas, separadas, que tienen que ver con lugares del editor bastante diferentes. Uno es el de publicar traducciones y el otro es del de publicar autores locales, primeras ediciones. Son dos trabajos distintos desde el punto de vista práctico. Porque cuando decidís traducir un autor extranjero, Tao Lin por ejemplo, lo traducís con todas las repercusiones que el autor tuvo en su lengua original. Eso es distinto de encontrar a un autor, como pasó con el ganador de nuestro concurso de novela, que es su primer libro. En cuanto a lo de la traducción, me parece que el papel nuestro puede ser el de tratar de poner en contacto una lengua con un contexto de circulación diferente, escrituras que se parecen a otras escrituras, temas en común. Del otro lado, nuestra intención original fue ver qué era lo que estaba escribiendo gente que no estaba publicando y creo que ahí nuestra tarea es dar a conocer voces nuevas en el sentido más banal del término, voces que no hayan publicado hasta ahora.

 

¿Creés que todavía existe el margen para lo específicamente literario?

Bueno, esa es una pregunta que atraviesa desde la academia a la crítica, me la hago desde otros lugares antes que como editor. Es de Perogrullo lo que voy a decir, pero me parece que si hay algo específicamente literario, tiene que haberse modificado radicalmente en los últimos quince o veinte años, que pensar que eso no se modificó sólo puede derivar en no leer o leer mal lo que se publicó en ese tiempo. Coincido con la idea de que un ciclo de lo literario se terminó, que estamos en otro, y que en ese nuevo ciclo lo específicamente literario seguro que no es un uso determinado de la lengua, como pensaban los formalistas rusos, y parecería que tampoco es posible la definición institucional, porque ya no son las editoriales, también están los blogs y twitter, donde se produce literatura. Es una definición que ya no funciona más, la del libro como núcleo de lo literario. Creo que si hay algo específico del arte, tiene que ver con imaginar otros mundos posibles. Me parece que la imaginación, más que un uso determinado de la lengua o que una forma determinada de circulación, como un espacio crítico, alternativo, para pensar el mundo y la experiencia personal, son lo que puede definir lo literario, y eso está en los libros que publicamos.

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Un comentario el “Una literatura que imagina otros mundos posibles

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Esta entrada fue publicada en 23 mayo, 2013 por en Entrevista y etiquetada con , , , , .

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