REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Raúl Zibechi: “La democracia internacional es una tapadera de las multinacionales”

Zibechi

Por Pablo Milani

Raúl Zibechi es escritor, periodista y activista. Nació en Uruguay en 1952 y está dedicado al análisis de los movimientos sociales en América Latina. Este análisis lo llevó a afirmar que tiene notables diferencias con las sociedades de los países centrales, dado que los sectores estudiados, indígenas, campesinos y clases populares urbanas, viven de otro modo. En estos territorios predominan prácticas y relaciones sociales no capitalistas, a diferencia de la sociedad hegemónica. En su reciente libro, Preservar y compartir (Mardulce 2012), en co-autoría con Michael Hardt, nos cuenta su visión del mundo.

Si el capitalismo es la única opción hasta ahora, ¿cuáles son los elementos de contención que están dificultando una nueva alternativa?

La enorme concentración de poder. El capitalismo hoy es un sistema enormemente concentrado en la cúpula, en la clase dominante, como nunca en su historia. Entonces vencer ese poder tan concentrado es muy difícil, porque es un blindaje muy potente. No digo que no se pueda. Se hizo, se hace y se seguirá haciendo. Por eso creo que si no hay un terremoto político-social va a ser difícil que podamos volver a ser quienes fuimos tanto tiempo.

América Latina puede servir sólo de inspiración para los países del Norte.

Hay dos sociedades en América Latina. Una es la sociedad oficial, hegemónica, de herencia colonial, y la otra es la que proviene de áreas remotas rurales con otros modos de organización. Las relaciones sociales no capitalistas, funcionan como una sociedad fragmentaria que sólo se ve cuando se pone en movimiento.

Preservar y compartir

¿Cuál creés que sean los puentes de comunicación entre esas dos vertientes en nuestra sociedad?

No siempre hay puentes de comunicación, incluso dentro de los países. Hay culturas, hay clases. Lo que creo que sí es importante son los vínculos horizontales entre diversos sectores sociales. Por ejemplo, las clases dominantes de Argentina tienen vínculos con las clases dominantes uruguayas y tienen sus lugares como Punta del Este donde se juntan y así socializan. Pero las clases populares, paraguayas, bolivianas, argentinas, tienen vínculos horizontales. Esos vínculos entre sectores sociales, me parece que son muy importantes porque ayudan a conformar sujetos mucho más ricos a medida que aprenden de las experiencias de uno. A veces son más profundos que los vínculos entre estados.

Con respecto al movimiento de los Derechos Humanos en Argentina, ¿qué opinas de que una institución como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo haya dejado de ser una organización no gubernamental para a aliarse al actual gobierno?

Yo creo que las personas y los movimientos tienen ciclos. Madres fue una organización muy importante en la Argentina desde que nació hasta principios del 2000. Madres ha jugado un papel clave el 20 de diciembre de 2001 cuando fueron a la Plaza. Lo que pasa es que todo tiene su ciclo y las Madres, de alguna manera, fueron institucionalizadas por el kirchnerismo y lo que queda hoy son personas de esa corriente que mantienen una actitud crítica, como Nora Cortiñas. Y eso es lo que pasa. Parece que hay un ciclo en el nacimiento rebelde, crecimiento y después estancamiento e institucionalización. Y ese es el ciclo. Yo no las voy a criticar, puedo decir que no comparto lo que están haciendo hoy. Me parece que forma parte de un ciclo natural, ellas encuentran ahí un lugar de participación, de contención, que nunca habían tenido. Tienen que hacer esa experiencia.

Desde esa experiencia, ¿cuál es el eslabón perdido de la democracia?

Yo estoy en contra de la democracia. O esto que se llama democracia. Hay un ejercicio muy curioso en todos los países de nuestra región. No estoy culpando a la democracia. Lo que pasa es que se ha convertido en un sistema electoral que tiene legitimidad porque la gente cree que elige a sus gobernantes y en la realidad es un sistema oligárquico, en la cual vos no podés elegir ni el modelo económico, ni el judicial, ni nada. A mí me gustaría una democracia real, en la cual todo esté en cuestión, no sólo quién está en la presidencia y los senadores y diputados, sino todo el entramado que hay, que hoy es mucho más poderoso. Ahora, eso no se puede  elegir todo en una votación. Es un sistema mucho más complejo porque la sociedad se ha complejizado mucho. Hoy la democracia internacional es una tapadera de las multinacionales y de los poderes globales. Entonces hay que trascender la democracia electoral. Eso no quiere decir que no haya elecciones, eso quiere decir que tiene que haber una democracia de verdad.

¿Y cómo debería ser?

Bueno, lo que pasa es que una democracia de verdad es aquella en la cual sujetos autónomos, individuales y colectivos, puedan determinar decidir su vida. Y además hay aquí una discusión más profunda y es si en una ciudad de 10 o 15 millones de habitantes pueden ser gobernadas democráticamente. A mí me parece que la estructura demográfica física de la sociedad dificulta la democratización. Eso termina condicionando lo que es la democracia. Lo que ha pasado es que la magnitud ha paralizó a la democracia. Todos sabemos que elijamos a quien elijamos para gobernar, la ciudad de Buenos Aires, por poner un ejemplo, va a ser un caos, con Metrobús o sin Metrobús, con subte o sin subte. No creo que delegando el poder y modificando la estructura o quién esté en la cabeza del poder se pueda cambiar algo, no por una cuestión ideológica. La historia reciente me demuestra que es así, y eso es un tema para pensar y reflexionar.

Cuando una revolución mira al pasado, busca recuperar su armonía perdida. Pretende equilibrar lo que se ha desequilibrado. La intención no obedece a la voluntad de crear un mundo nuevo, sino la de recuperar un mundo perdido. No bajo un orden estatal, sino cósmico. La revolución no crea nada nuevo, sino que es el parto de algo que existe en germen.

Preservar y compartir

Luego de la catástrofe por las inundaciones que hemos vivido en Semana Santa en Buenos Aires. ¿Qué pensas de la impresionante ayuda solidaria que hubo por afuera del Estado?

Siempre pasa eso, inclusive en el primer mundo. Cuando hay catástrofes de esas el Estado es desbordado. Si no hubiera sido por la solidaridad y la ayuda mutua entre la gente, todavía estarían ahí inundados. Lo que acá hay que discutir no es el episodio, sino el camino. ¿Cómo vamos a resolver esto? Porque si realmente en los momentos críticos, lo que funciona no es el Estado, sino la ayuda entre la gente. ¿Para qué queremos al Estado? Parecería que, cuando hay vínculos importantes y cuando pasa algo grave, son esos vínculos los que resuelven y los que salvan. Tomemos esos vínculos como base para reconstruir la sociedad, ahí estaríamos en otro lugar. No pensarán a partir de las elecciones, de quién es el jefe, de quién es el partido. Sino que pensarán en la importancia de esos vínculos como clave de supervivencia de la humanidad, porque esto se va a repetir muchas veces. Acá lo que hay es un creciente empobrecimiento de la gente y cada vez esperan menos que les resuelvan. La gente mira cada vez menos para arriba y mira más para el costado, en horizontal.  

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Esta entrada fue publicada en 27 mayo, 2013 por en Entrevista y etiquetada con , .

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