REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

“Entre letras y pintas”, segunda parte de un viaje a Dublin

Por Guillermo Tangelson

tangelson dublin parte 2

Continuado de ““Motivos de la locura”, primera parte de un viaje a Dublin.

Mi viaje cambia cuando una colega me hace llegar un tríptico que indica: “Literary pub crawl, meeting point: The Duke” (“Pub crawl literario, punto de encuentro: The Duke”). Un tour por las calles de Dublin con guías que hablarán acerca de los autores de la ciudad.

Prometedor.

La cita es una intersección de calles. Llego en hora pero no veo a nadie. Le pregunto al mozo de un restaurant que en alegre irlandés me indica que el tour empieza en el pub y entonces leo el cartel: “The Duke”.

Prometedor, ya lo dije.

Entro y no veo ninguna actividad fuera de lo común en un pub. Es decir, gente bebiendo. Encuentro a mi colega y le pregunto qué pasó con el tour. “Empieza así” me dice con una pinta de cerveza en la mano. Entonces un histriónico presentador se abre paso entre la gente y pregunta “¿ya tomaron sus pintas? Entonces ya estamos listos para recorrer los pubs en los que se emborracharon, escribieron y de los que echaron a los más grandes escritores de nuestra historia. Y si todo sale bien, todos nosotros vamos a terminar ebrios”.

Más que prometedor. Pido una pinta.

Se le suma a ese presentador otro hombre, alto, gordo, de ojos saltones, como Benny Hill pero pelado. Juntos representan una escena de Esperando a Godot, “obra escrita entre copas en este mismo pub, The Duke. Única obra de teatro en la que no pasa nada. Dos veces”.

Salimos. Empezamos a hablar de James Joyce y de Ulysses en las propias calles en las que sucede. Nos representan el final “para que le puedan decir a sus amigos que la terminaron”. Vamos a un pub en el que se emborrachó Joyce. Nos dan 20 minutos para tomar nuestra segunda pinta. Se cruzan en el relato la historia de la opresión ejercida por los ingleses y las peleas entre católicos y protestantes. Así llegamos al Trinity College, donde estudió Oscar Wilde. Cuenta la anécdota que Wilde estaba dando una serie de charlas sobre literatura y estética en Estados Unidos y que los mineros de uno de los pueblos en los que Wilde se presentaba le quisieron hacerle una broma: lo invitaron a cenar en las propias minas. Bajaron en un precario elevador. El primer plato era whiskey; el segundo, whiskey; y de postre, whiskey. Lo que estos jocosos mineros querían era emborrachar a ese dandy amanerado y dejarlo en la mina para divertimento del pueblo. Terminaron todos tan borrachos que nadie pudo accionar los elevadores. Nadie excepto Wilde, que llevó a todos los mineros a la superficie. A la mañana siguiente, cuando le preguntaron lo que pasó, él respondió con elegancia: “si querés invitar a un irlandés a cenar, asegurate de que sea una cena con cinco platos, porque para un irlandés nunca hay demasiado whiskey”.

En 1929 el gobierno irlandés creó un comité para investigar la “evil literature” (“literatura malvada”) que se encontraba en las revistas inglesas. No era lo que se dice un ambiente propicio para la libertad de expresión. Para ilustrarlo, basta un dato: en el período que va  de 1960 a 1965, fueron censurados ni más ni menos que 1900 libros.

Nació entonces de manera clandestina, en pubs, un movimiento de escritores y artistas que empezaron a hacer circular su obra. Muchos de ellos, como Brendan Behan, con serios problemas de alcoholismo. Una frase lo define: “he was a drinker with a writing problem” (“era un bebedor con problemas de escritura”). Al caótico y mordaz Flann O’Brien le pasaba otro tanto.

De quien no se habló durante la caminata fue de George Bernad Shaw, pese a su premio Nobel de literatura. El motivo es simple: Shaw es vegetariano, feminista, no fumador… Una oveja blanca en medio de un inmenso rebaño de ovejas negras.

Luego de dos horas de caminata, la noche cayó serena, y volvimos a The Duke, con el calor de cinco pintas encima. Las calles nos mostraban una nueva complicidad. Dublin es una ciudad que no cree en las líneas rectas, sus calles parecen ríos y valles.

Así, dicen, es Irlanda, parecida al mundo, pero cimentada en la impredecible forma de la locura.

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Esta entrada fue publicada en 7 junio, 2013 por en Nota y etiquetada con , , , , .

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