REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Un viaje por el cosmos de Alejandro Sordi

“Virgilio, el rey”
Acrílico y óleo sobre tela, 50x70cm
2012

Por Ignacio Rial-Schies

La primera obra de Alejandro Sordi que vi fue una pintada en la terraza de un centro cultural de Belgrano. Una figura humana con cabeza de conejo y unas manos enormes estaba parada en el medio del desierto, rodeada de cactus y un cielo celeste profundo. En la pared de al lado, del tercer ojo de una cara manaban colores que se extendían por detrás de las demás figuras. De eso hace varios años y de ese mural, que ya no existe, conservo un recuerdo vívido y una foto borrosa de celular que prefiero no compartir porque desmerecería su magnitud.

No tardé en googlear la firma que aparecía discreta en un rincón para encontrar los cuadros de Alejandro. Las figuras que conocí en esa terraza se repiten en ellos, varían, se desarrollan y acompañan en distintas constelaciones. Me enteré por los títulos de los cuadros y los brevísimos epígrafes que los acompañan, que el hombre con cabeza de conejo, o conejo con cuerpo humanoide, se llama Virgilio. El tercer ojo del cual manaban colores se desplaza al centro de su pecho, que abre con ambas manos y mira hacia nuestro lado desde el corazón.

"El agua como medio" Acrílico y óleo sobre tela 120x80 cm 2012

“El agua como medio”
Acrílico y óleo sobre tela
120×80 cm
2012

La mirada es el centro de muchos cuadros de Sordi y funciona como una puerta de entrada o un punto de contacto. Ese contacto es el mismo que está vedado a los personajes del cine, que no pueden mirar directo a quien los contempla, en una historia que se presenta completa a exclusión del espectador. Por el contrario, en los cuadros de Sordi la mirada invita a participar de ese mundo ficcional y de sus historias. Son esos ojos impares los que nos inducen a un mundo donde los OVNIs, las bestias de múltiples cabezas, el fuego y los símbolos arcanos son el horizonte sobre el cual el arte acontece, no tanto como escena sino como experiencia. Virgilio es así el psicopompo que nos sumerge en un recorrido cósmico y místico por este mundo que, por más que me esfuerce en describir, está más allá de las palabras.

Intrigado por la historia de esos personajes, por el mundo que construye Sordi sobre la tela y sorprendido de no encontrar otras referencias que hablaran de su obra, le propuse hacer una entrevista. Me recibió en el taller que funciona en la planta baja de su PH en Caballito. En las paredes encontré de nuevo esos cactus, nubes con ojos, pilas de cuadros ordenados y muchas latas y pomos de pintura. Mate de por medio, charlamos un rato.

Tus cuadros siempre giran en torno a algún personaje y Virgilio, el conejo humanoide, se repite en varios, ¿cómo llegaste a Virgilio?

La verdad, no sé muy bien. Virgilio salió de un cuadro, un día hice un conejo y dije “uh, cómo me gusta este conejo …”  Pero conejos ya dibujaba desde siempre. Me gustaba que fuera un conejo, pero al principio era solo un chabón con orejas de conejo. Y un día salió con ese celeste y me gustó la combinación y fue evolucionando. Se tomó su tiempo, quería volver a este o a aquel, siempre un poquito diferente, tuvo un montón de etapas.

virgilio del mar

“Virgilio del mar”
Acrílico y óleo sobre tela, 100x70cm
2012

Me sorprende que lo cuentes con tanta simpleza, porque es una figura cargada de mucho simbolismo. Parado ahí, en el centro del cuadro, se abre el pecho y desde ahí nos mira un ojo en su corazón. ¿Qué hay ahi?

Simbolismo, pero no sé si lo pensé para eso. Salió un día de una combinación de figuras religiosas que me interesan, tanto las figuras como su misticismo. Lo llevé a ese personaje que ya tenía, una especie de conejo-cristo, pero distinto, porque es otra cosa. Fue eso, ganas de darle misticismo a un personaje. Eso tiene que ver con una influencia pesada para mi, que es Miyazaki. Flashé mucho con sus contrastes de tamaño, Miyazaki pone una figura que por ahí aparece una sola vez y quizás nunca terminás de verla entera, pero sabés que es enorme. Esa es una sensación que me gusta generar, que no todo termina en los márgenes del cuadro.

Hay algo del animé, la estilización, que es una parte muy importante de tu forma de pintar. Algo que me sorprende mucho de tus bocetos es que ves algo e inmediatamente lo traducís a tu estilo.

Pero esa es una búsqueda que puede hacer cualquiera, todos tenemos un estilo y es cuestión de buscarlo y encontrarlo.

¿Qué otros artistas te influenciaron?

Tengo varios, pero los que me siguen influenciando son los que me gustaban más de chico, los dibujitos, el manga. El primer artista así, más relacionado a la pintura que me gustó, fue Dalí. Giger me gustaba mucho, pero ahora ya no sé si quedó algo de él. Fue alguien de quien saqué muchas cosas. Eso supongo que es la parte más parca de lo que hago.

En el arte mural se trabaja mucho en grupos y se que pintaste con mucha gente. ¿Cómo es eso?

Es muy bueno, aprendés un montón de cosas. Compartir una pared con alguien es a su vez intercambiar estilos y hacer que lo tuyo quede bien con lo que hace el otro es absorber una bocha de conocimiento. Desde la paleta a cómo usa el pincel, si usa rodillo, si usa aerosol, son un montón de cosas que vas absorbiendo en el medio, técnicas básicas, como dónde mezclar los colores, dónde poner el agua, es todo un mundito. Al principio trabajé bastante con Cima, Cimadoro, con él empecé a laburar. Después tuve un pequeño acercamiento con Georgina Ciotti, de quien saqué bastantes cosas flasheras, porque es muy estricta en la manera de trabajar, tiene mucha técnica. Y después laburé bastante con Irene (Lasivita), que fue con la persona con quien más me gustó pintar hasta ahora.

Todo se quemará

“Todo se quemará”
Acrílico y óleo sobre tela, 110x110cm
2012

¿Cómo es tu historia con el dibujo, la pintura, el arte en general?

Dibujé de toda la vida. Garabatos, pero todo el tiempo dibujaba. Estaba haciendo mucha música en un momento, y de repente dejé la que era mi banda más fuerte. Otros proyectos se cayeron y quedé ahí. Y yo estaba enfocado a ponerle mucha pila a algo. Estaba pintando bastante y ahí se definió que para mi la cosa iba por el lado de la pintura. Ahí no necesitaba a nadie más que a mi mismo para seguir adelante. No es como en una banda, que hay que esperar a que todos se pongan de acuerdo para que pase algo.

¿Qué querés hacer con la pintura, tenés algún objetivo?

Antes tenía más el objetivo de trabajar y punto, como cualquier oficio, que el mío sea la pintura, porque me sale, me gusta y está bueno compartirlo. Ahora también quisiera hacer un par de cosas más. Siempre hacia algo bueno, hacia compartir, promover distintas formas de pensar. Generar una atmósfera es lo que busco y con el tiempo encontré que el óleo, como material, me lo permite. Me gusta definir las figuras, pero no estoy convencido que un cuadro está terminado hasta que no siento que me está compartiendo algo.

¿No es ese el objetivo del arte en general?

Eso es tan personal que es imposible de definir. Cada quien debe tener sus razones para hacer lo que hace. Nada tiene un objetivo previo. Cada uno puede tener su misión y la mía es muy diferente a la de muchos, y a la de todos en particular. No creo que el arte tenga que decir algo. Que yo lo quiera usar para comunicar no significa que a todos les vaya a servir para lo mismo.

Maceta robot de palets

“Maceta robot de palets”
Pallets reciclados
2012

Hace poco te tiraste para el lado de la escultura, ¿venís pensando en algún proyecto nuevo?

Los proyectos se dan sobre la marcha. No, no vengo pensando proyectos grandes a largo plazo, si pinta pintar, pinto, si pinta hacer una maceta, hago una maceta, si pinta ir a tomar sol a Agronomía, me voy a tomar sol a Agronomía. Por ahí en algún momento voy a tratar de hacer un libro, pero tranquilo. Me voy a tomar primero todo el tiempo de hacerlo. Todavía necesito tener la cantidad suficiente como para hacer un libro, no tengo apuro. Después supongo que lo armaré en .pdf, y cuando me guste, se verá.

Pero la cantidad de obras que tenés colgadas en tu blog, que lo estuve mirando de nuevo antes de entrevistarte, son un montón.

Si, pero por ahí pondría un diez por ciento de lo que hay en el blog. Hay cosas que ya quedaron viejas, que fueron parte del experimento de llegar hasta acá. Y que está todo bien con ellas, pero no van.

¿No temés siempre seguir buscando encontrar algo?

No, ni ahí. Quizás haya uno de los viejos, de esta última parte quizás haya bastante más, porque hay muchos que me hicieron sentir bien, así que no tengo problema con eso. Simplemente estoy generando, en todos los contextos y de ahí vendrá la compilación de los que más me gustan. Y por ahí quizás no tenga muchas hojas. Tengo más ganas de que tenga un papel zarpado, grueso, que sea un libro que perdure.

Es interesante que pienses en el formato libro. Un artista hace cien años no pensaba que le publicaran su obra en un libro porque no existía la tecnología para hacerlo bien ¿Qué te pasa con los libros?

Un artista visual, puede vender un cuadro o vender una impresión. Si es una impresión, es una sola lámina. Yo, la verdad, prefiero tener un montón de trabajos de alguien en un libro-objeto bien presentado, que un cuadro, porque tenés mucho, mucho trabajo, podés ver las facetas, cómo desarrolla su obra. Me gusta mucho aprovechar eso. Y aparte el libro es práctico, tenés un montón de obras guardadas en un buen formato. Son dos cosas distintas, pero me parece que la mejor manera de que alguien tenga tu obra es en un cuadro o en un libro.

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Esta entrada fue publicada en 7 junio, 2013 por en Entrevista y etiquetada con , , .

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