REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

“Simbólicamente siempre me estoy lamiendo mis más profundas heridas”

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Por Gema Palma Moreira

La ridícula idea de no volver a verte, Rosa Montero.

Seix Barral, 2013.

“Simbólicamente siempre me estoy lamiendo mis más profundas heridas“, escribe Rosa Montero en una obra que no es sobre duelo ni sobre muerte. Luego de rastrear la vida de Marie Curie (Premio Nobel de Física en 1903, Premio Nobel de Química en 1911) durante dos años, La ridícula idea de no volver a verte transforma el sufrimiento en belleza, convirtiendo la vida de Curie en una vara útil para entender la suya.

Montero se refiere a la ganadora de dos premios Nobel como una mujer violentamente poseída por sus emociones, aunque se esforzara por ocultarlos. Lo constató por cómo escribió en su diario, luego de la muerte de su marido y compañero intelectual, Pierre Curie. En sus letras hay pasión. Una pasión que no se refleja en las fotografías mostradas a lo largo del libro, pero quizás eso es lo que atrae a la escritora de aquella mujer en la que se buscó y se encontró. En ella, vio reflejado también su dolor, un dolor que mantuvo en silencio durante mucho tiempo. Montero también enviudó, pero no solo la viudez la hacía sentirse extrañamente sincronizada con la vida de Curie. Nos da muestra de cómo la vida fluye normal, y de pronto aparece un abismo. En cosas tan simples como enamorarse, como convencerse de que se es realmente bueno en lo que se ha planteado hacer en la vida, como perder lo que se ama, como aferrarse a un ideal.

A lo largo de la obra se exponen distintos dolores: “Dolor de no poder ser, dolor de vivir un mundo donde no hay lugar para una mujer con ambiciones”. Si en la época en que vivió Marie Curie la ambición en una mujer era sospechosa, la forma como Montero matiza aquella realidad con la actual no difiere mucho, porque aún ahora, cuando ya se han desatado de ciertos lazos, muchas mujeres temen que sus necesidades emocionales puedan restarles independencia. De este modo, la culpa, el miedo, el deber, son las sombras que persiguen a cada mujer ambiciosa. Marie sintió todas esas culpas y, a pesar de ello, continuó su camino.

Muchas veces (casi todas las veces en la literatura) el origen de la creatividad está en el sufrimiento, el propio y el ajeno. Así, se muestran escenas que son de una sinceridad impactante, donde la autora, lo intente o no, desnuda su verdadero deseo, buscar esas palabras que consuelan, que calman. Aunque para ella “el verdadero dolor es indecible”.

La realidad se vuelca de maneras, en ocasiones irreverentes. En sus libros anteriores Historia del rey transparente (2005) e Instrucciones para salvar el mundo (2008), escribe fragmentos de una vida que vivirá en el futuro. Historias que representan sus fantasmas. Los personajes de la ficción que ella crea, son las marionetas de su inconsciente.

Montero encontró en la vida de Curie las ganas de escribir sobre sus dolores, pero, a diferencia de sus libros anteriores, sin estructuras ni lineamientos. Simplemente las ganas de escribir como quien respira, con naturalidad, con ligereza. La ligereza que ella describe como “una maravillosa virtud existencial que consiste en saber vivir el presente con plenitud serena”. Pero no hay solo dolor, también habla de cómo la vida real está hecha de pequeñas banalidades, de pequeños momentos de una felicidad esquiva e indefinible, pero que motiva a enormes logros.

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Esta entrada fue publicada el 10 junio, 2013 por en Reseña.

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