REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Guía de amor para infieles

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Por Gema Palma Moreira

1. Una cuestión de genes y de géneros

Empezó el libro en 1996, antes de escribir la novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Premio Pulitzer 2007. En Así es como la pierdes, Junot Díaz narra el proceso de evolución de un infiel y de la relación con las mujeres de su vida, de su obsesiva necesidad de engañarlas, pero eso sí, viviendo esa infidelidad con remordimiento aunque sea incapaz de pararla. Ya no solo la vida real, sino también los libros intentan retratar una visión al respecto del tema de ser infiel, de perdonar  y ser perdonado: Es una cuestión de genes, no de géneros. Por este motivo, es probable que Así es como la pierdes sea eternamente escrito con cada lectura y que cada lector le halle su beneficio, si lo tiene. Porque si bien no es un libro con tips para superar las infidelidades, para olvidar la larga lista de personas que pasaron por tu vida y te adornaron la cabeza un sinnúmero de veces, o para olvidar a aquella persona a la cual le adornaste la cabeza un sinnúmero de veces y te dejó, podría ser una manera de no sentirte el único ser infeliz en el mundo que ha sufrido por amor.

Lo innegable es que Junot Díaz rechaza de plano la lengua impecable y literaria y con su particular estilo transmite la educación sentimental y sexual de esta época. Con este plus nos permite reflejarnos en su libro, somos parte de uno de los dos bandos. Al menos uno de los nueve cuentos del libro tiene que contar nuestra historia. Así es como la pierdes es un catálogo de amores accidentados. Nada más simple para contar. Quizás por eso tardó tanto tiempo escribiéndolo.

2. Por qué te soy apasionadamente infiel

Tu novia se mete a tu correo electrónico y descubre que durante sus 6 años de relación la engañaste con 50 mujeres. Esa novia que juro jamás perdonarte una infidelidad  se queda a tu lado “porque no es tan fácil deshacerse del amor”. Haces lo correspondiente para que ella no te deje (si eres un infiel en potencia de seguro lo sabrás), porque a pesar de todo sabes que ella es el amor de tu vida y que aunque quieres estar con todas, únicamente deseas estar con ella. Eso, obviamente, lo aceptarás en el momento en que ves como la mujer que dabas por segura, se te escapa de las manos. Al final se va. Fin.

Perdón, ese no es el fin. ¿Qué le sigue? Los diferentes procesos que pasan los hombres cuando han perdido a la mujer que aman: proceso de afirmación de la hombría (acostarse con cuanto ser femenino se les pase en frente). Proceso de estados de ánimos erráticos (¿Por qué no me busca? ¿Será que nunca me quiso? ¡Yo tengo la culpa!  ¿Estará con otro? ¡Me siento solo los domingos por la tarde!). Proceso de depresión (no es necesario intentar describirlo siquiera). Retórica (la fuerza del pasado). Despiertas. Proceso de desintoxicación.  Al parecer ya la olvidaste. Vuelves al ruedo. Estas siempre de pesca pero nadie nota tu carnada. Encuentras una, dos. No funciona. Te acuerdas de tu ex (en este proceso ella es la mujer perfecta). Proceso de depresión. Les ha pasado, ¿no?

La infidelidad, esa sombra que aparece en todas y cada una de las relaciones, más temprano que tarde. ¿Qué hacer con ella? ¿Hay procesos para superar una infidelidad? ¿Se puede en realidad superar una infidelidad, hacer borrón y cuenta nueva y apostarlo todo a una relación amorosa por la cual has apostado tanto? ¿Se puede evitar serle infiel a tu pareja?

Los seres humanos estamos bioprogramados para la poligamia. Sí, evolucionamos, pero seguimos siendo primates y el polideseo nos mueve. Hasta la legendaria fidelidad de los caballitos de mar se ha puesto en duda.  Sí, somos primates, pero somos primates que no están exentos de sentirse heridos con y por una relación poligámica. Así que estos insignificantes seres que habitan la tierra y se hacen llamar seres humanos para diferenciarse de los caballitos de mar y de los primates, se juntan en pareja y en principio son monógamos, en principio. Y después viene eso del coup de foudre, el fall in love y cualquier otro de esos feelings que sienten de repente por cualquier persona, menos por la pareja. Mirándolo de ese modo deberíamos analizar cuánto sufrimiento puede causar que nos pongan los cachos. La infidelidad tiene gran valor por el sufrimiento causado, pero principalmente, por la herida narcisista que provoca en el engañado. Hombres y mujeres buscamos un cierto si no absoluto grado de fidelidad. Pero, ¿y si en el fondo la monogamia es una manifestación del autoritarismo posesivo, más que el resultado del romanticismo idealista?

Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, por ejemplo, son la antítesis de la relación convencional: se trataron de usted durante más de 50 años, nunca vivieron juntos, se negaron a contraer matrimonio, tener hijos y es conocida la liberalidad con la que ambos aceptaban que el otro miembro de la pareja mantuviera relaciones con terceras personas. Infidelidades que no eran traiciones, pues Sartre y Beauvoir siempre tuvieron claro que su romance sólo tenía derechos, no deberes.

Entre ellos el amor era “absoluto”, de modo que su mayor valor fue la libertad, incluso la sexual, también existió un grado de dependencia, pero distinto al de parejas convencionales. Construyeron un puente sin aduanas hacia sus respectivos universos. Ahora bien, si aceptamos que la fidelidad en la pareja es una manifestación cultural y que como tal ha ido evolucionando al ritmo del mundo moderno, su contraparte: la infidelidad, también lo ha hecho.

3. Cuando el amor se convierte en un constante: siga participando.

El pensamiento freudiano explica que nunca nos hallamos menos protegidos contra el dolor que cuando amamos, nunca somos más desvalidamente desgraciados que cuando hemos perdido el objeto amado o su amor. La realidad es que no podemos vivir sin relaciones humanas y no podemos evitar que éstas sean conflictivas y ambivalentes. Las relaciones amorosas que se cimientan en el daño suelen ser más fuertes que las que se basan en el amor y quizás bajo ese punto de vista justificamos la permanencia en una relación, aunque las señales de pérdida sean evidentes y este fragmento de uno de los cuentos libro de Díaz explica mucho mejor lo expuesto anteriormente:

“Sentía que me moría a grados, pero cuando traté de hablarle de eso me dijo que estaba paranoico. Se aseguraba de que yo supiera cuán precaria era mi posición en su vida. Como si ya no estuviera consciente de ello”.

Cada persona es totalmente consciente del daño que es capaz de hacer y de resistir, pero cuando las cosas andan mal buscará argumentos para justificarlo a fin de permanecer. Porque si de los hombres dicen que son infieles por culpa de un gen, de las mujeres podrían decir que tienen un gen de redentoras y hasta mártires con tal de mantener al lado al hombre que aman. Pero en las cosas del amor, nada está tan escrito como el hecho de que todos, sin importar gen o género, somos vulnerables a engañar, a sufrir porque nos engañan, a justificar a la persona que amamos aún a costa de traicionar nuestras reglas, a desilusionarnos y levantar el vuelo sin importar lo que dejemos atrás.

La fuerza del pasado es como un imán que te impide dejar a un lado lo que te hace más mal que bien. No se trata de ver al amor como algo descartable o sustituible, porque el amor en sí no lo es, pero el paso de las personas en nuestras vidas, suele tener una fecha de caducidad, eso debemos aceptarlo.

4. No busquemos culpables

Si no sienten que el cuento anterior refleja su historia, les dejo este otro. Este es cotidiano, muy cotidiano:

“Se supone que la vaina entre nosotros nunca llegará a ser nada serio. Tú decides dónde y cuándo, me dijiste. Por lo menos fuiste honesta. Jamás te llamaba entre semana, ni siquiera te extrañaba. Pero los viernes y sábados por la noche, cuando no me levantaba a nadie en los clubs, te llamaba. Les decía a mis amigos que era solo sexo. No quieres que lo dejemos, pero tampoco quieres que te hiera. No es la mejor situación, pero ¿qué te puedo decir?”

Luego de leer este párrafo del libro de Díaz se puede pensar que el personaje principal del libro es el prototipo común de un hombre: buscando sexo sin compromiso, sin corazones para romper, sin flores de aniversario. Es algo que los hace felices y así se sienten cómodos. Y el personaje secundario es la chica, una de tantas que a pesar de que le pusieron los “puntos sobre las ies” desde el inicio, desea ansiosamente que las cosas cambien. Y se queda eternamente esperando el cambio. Y sí que hay un cambio:

“Me mirabas y te miraba, y en ese justo momento, ocurrió algo así como amor ¿no crees? me imaginaba que ese insomnio significaba algo. Quizá era pérdida o amor u otra palabra que usamos cuando ya es demasiado fokin tarde”.

En pleno siglo XXI, a las mujeres aún nos cuesta separar el sexo del amor, y si una relación, de la naturaleza que fuere se prolonga, inexorablemente, los sentimientos comenzarán a entremezclarse. La disociación entre sexo y amor de la que se “acusaba” a los hombres antaño sigue existiendo y resultándoles más sencilla de aplicar a ellos.

Qué pensaría una mujer si le escriben esto:

“Si usted se acostara en este estrecho jergón, a mi lado, me encontraría muy a gusto y se me derretiría el corazón. Pero no será así y tendré que oír los ronquidos sonoros de alguien. Ay, amor mío, cómo la amo a usted y cómo la necesito. La amo con todas mis fuerzas”.

Seguramente hay un 90% de posibilidades que esa carta que le escribió Sartre a Beauvoir la hizo amarlo aún más, pero seguramente en más de una ocasión debió sumergirse en un mar de lágrimas, porque la teoría y la práctica a menudo no sólo no convergen, sino que son totalmente antagónicas.

La relación de estos dos filósofos de los años sesenta trascendería el universo de lo correcto y aceptable moralmente, para crear una relación que hiciera felices a ambos, aceptando su propia sexualidad y de esta manera apartarse del conocido mundo de “las mentiras y desengaños” en las que muchas parejas están sumergidas por estos tiempos, sin embargo, la imagen idílica de esta pareja liberal se derrumba y deja al descubierto a una mujer que sufría las infidelidades de su amado. La aceptación sin remilgos del famoso pacto de amoríos circunstanciales en realidad benefició más a Sartre que a Beauvoir. A ella la destruía la pasión que Sartre sentía por las muchachitas, a las que perseguía como un sabueso. Y Sartre nunca pudo digerir los romances de Beauvoir. Es cierto, hubo entre ellos la suficiente honestidad para contarse todo con pelos y señales, pero la sinceridad, cuando se trata de confesar una infidelidad, mata en abonos.

5. Y sin embargo…

¿Qué es el amor si no ese pasional deseo de apropiación? ¿Qué es el amor si no la trama en la que expongo mi ambición de exclusividad? Cuando Sartre habla de amores necesarios y de amores contingentes, reivindica la idea de la libertad en el amor. Donde la pasión no se ve mancillada por la sensación de pertenencia. Desaparece lo que especifica al otro como pareja: no regatea mi existencia, me espera, está ahí, calma mi necesidad de seguridad, está al alcance de la mano. En suma, ella es para mí y yo soy para ella. Un valor adquirido.

Desde que somos definidos como carencias, aun lo que utilicemos para remediar ese vacío, es por sí misma una carencia. La búsqueda se basa en una carencia, y hombres y mujeres buscamos llenar ese vacío. Pero la cuestión está en que si el infiel es un varón, este es visto como un ejemplo para sus congéneres. Un ídolo de amigos, parientes y vecinos. En el caso de la mujer, el significado de su infidelidad y la percepción de la misma, es visto de manera totalmente negativa. Aun así, todos estamos expuestos a sucumbir ante la debilidad de la carne,  pero si se supone que encontramos a nuestro gran amor, ¿que seguimos buscando?

Si dejamos de mirarlo desde un punto de vista prejuicioso, la infidelidad  puede llegar a ser o parecer una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en la vida del infiel. Quizás sería  guardarnos al amor platónico como una simple utopía y optar por el amor terrenal, con todas sus miserias. Pero entonces, ¿sobre qué cimientos debe construirse una relación amorosa? En el respeto. No como hombre y mujer sino como seres humanos complementarios, en la admiración intelectual, y  por encima de ser amantes, ser amigos. Contarse todo, menos las infidelidades. Sí, la ignorancia a veces suele ser una bendición.

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Esta entrada fue publicada en 3 julio, 2013 por en Nota, Reseña y etiquetada con , .

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