REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Ser o no ser madre

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Por Gema Palma Moreira 

Bárbara Molinari trabaja sobre la obra teatral hachemudas, donde alrededor de lo no dicho se tejen miles de palabras que intentan decir esa misma mudez. De este conjunto de obras de su autoría, ya estrenó Hambre y Heridas. En Hijas presenta a tres personajes que podrían ser uno solo: Una madre, una hija y una embarazada, y entre ellas una combinación de sentimientos, confusiones y destrucción, en un escenario que podría ser muchos: el mar.

“Aceptar la soledad”, “la única verdad son mis ganas de llorar”, “cuál es el límite soportable de tristeza”; en base a estas frases se puede comprobar que la obra de Molinari sintetiza los sentimientos y las emociones de una mujer, con todas sus ambivalencias. Al usar el concepto de hachemuda, una letra de género femenino que está para no ser dicha, intenta exteriorizar el deseo y el no deseo de la mujer, y su cercanía a la frustración cuando tiene que callarlo.

Luego de leer esta obra queda exhibido que sentimos temor de expresar nuestras vulnerabilidades y de esta manera romper la ilusión omnipotente que tenemos de nosotras mismas, anclada en el modelo maternal que nos lleva a mostrarnos fuertes, autosuficientes y capaces de acoger a los demás.

Dentro de nuestras ambivalencias, queremos independencia aunque le temamos, pero no queremos ser dependientes de algo o alguien que nos deje expuestas, por eso buscamos el control con el fin de responder a las demandas que nos envuelven y eso explica el miedo a tomar decisiones, por esa necesidad intrínseca de querer complacer a los que nos rodean y también lograr nuestras aspiraciones, y que vivimos tan rodeadas de vínculos que añoramos momentos de soledad, sin embargo tememos estar solas y el simple hecho de permanecer solas es abrumador.

Bajo esta parte del diálogo: “un día voy a ser mamá, todas somos parte de una mamushka infinita. ¿Y si yo dijera que no? Yo sería la última mamushka, la chiquitita, la que no se abre porque no tiene nada adentro”. ¿Crees que es un motivo de culpa eterna para una mujer si desea no ser madre?

No sé si culpa. De hecho no creo que lo sea. Pero sí es una pregunta que está latente en cualquier mujer. El ser o no madre. El texto que citas lo dice el personaje más joven, la Hija, que comienza afirmando que “todas” somos partes de una cadena infinita de madres-hijas, y esa afirmación la lleva a preguntarse por la posibilidad de elegir no ser madre. Ese momento es importante en la obra, porque vemos un cambio en la Hija, quien por primera vez se piensa en el lugar de madre, dejando de pensar como único rol posible el de Hija.

¿Consideras que las mujeres, cuando son madres, creen que sus conductas pueden provocarles daños a sus hijos? ¿No piensan también en la influencia externa?

Creo que las madres piensan que sus decisiones y conductas van a provocar consecuencias en sus hijos, no solo daños sino cosas positivas también. Y supongo – yo no soy madre – tienen conciencia de que hay muchísimas influencias externas. En la obra aparece el reproche de la hija a la madre por sus “fallas y faltas”, sí. Pero también uno de los personajes interviene una discusión diciendo: “Ella le reprocha faltas que quizás nunca existieron”. Es un juego que se entabla en la obra de reproches, culpas, perdones, versiones y transformaciones.

¿Crees que somos, irreductiblemente, el reflejo de nuestras madres?

No. De hecho un personaje de la obra habla justamente de haber hecho todo por alejarse de ese reflejo, pero tampoco creo que sea siempre uno o lo otro. Sí creo que el vínculo con la madre – o con quien ocupe ese lugar – incide fuertemente en la construcción de subjetividad de cualquier persona. Toda mujer es hija, y toda hija tiene un relato en relación a su madre, aunque más no sea de ausencia. La obra lo que hace es hacer foco en ese vínculo, sobre los fantasmas y afirmaciones que en torno a él se construyen. La obra habla de la vivencia subjetiva de ser Hijas, no busca afirmar o denunciar una forma.

¿Ante los conceptos de compañía y soledad que exploras en tu obra: ¿por qué crees que las mujeres deseamos la soledad pero a la vez le tememos?

En la obra los personajes hablan de una de soledad, que no tiene tanto que ver con estar acompañada o no, sino que refiere a esa soledad que existe por el hecho de estar separado de los demás. En un momento de la obra la hija cita un poema de Katherine Mansfield que dice “estoy lista para aceptar la soledad, tomarla de la mano”. En la obra hay un juego entre aceptar esa soledad y a la misma vez buscar modos de franquearla a través de la danza, la actuación y la escritura.

¿En qué estás trabajando actualmente? 

 Ahora estoy terminando otro texto teatral que se llama Actriz. Es un monologo, en el que trabajé sobre la vida de Liv Ullmann, la actriz noruega. La obra es sobre “una actriz que hace de una actriz”. Asique esta obra también tiene un juego de mamuschkas, pero en otro sentido: una actriz argentina, que hace de Liv Ullmann, que hizo de Nora de Casa de Muñecas… y a través del recorrido por estas mujeres-personajes aparecen preguntas sobre el ser actriz, ser mujer y el ser madre.

 

 

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Esta entrada fue publicada en 15 julio, 2013 por en Entrevista y etiquetada con , .

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