REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Last Night

kinopoisk.ru

Por M. Victoria Moreno

Last Night es una película lanzada en Estados Unidos en 2011 y que nunca llegó a la cartelera nacional. Gracias a internet –en su momento, gracias a Cuevana-, gracias a los intereses y la curiosidad personal, gracias a la aleatoriedad virtual, es que uno se cruza con material como este. No, no tiene nada de particular, nada de indie,hipster o de vanguardia. Es simplemente una pequeña película, con un buen guión y unas buenas actuaciones, que la hacen cerrar muy redondamente en su pequeñez. Si hubiera que sintetizar el argumento en dos palabras podrían ser: infidelidad y amor. Todo suena bastante común: pasa en las películas, pasa en la vida real, nada particular, qué habría para narrar ahí, en una seguidilla de imágenes que ocupan una hora y media de cinta. Pero es allí donde está lo interesante del largometraje: logra abordar la temática desde un lugar especial, no porque el argumento que elige sea original, sino porque no tiene más pretensiones de las que puede cumplir y que efectivamente cumple: *J está casada con *M hace cuatro años, se conocieron en la universidad, tuvieron un breve interludio de desamor en el medio, pero después del recreo amoroso, vuelven a reencontrarse para, luego, casarse. Ella escritora, él en el negocio inmobiliario, exitosos ambos, viven en un lindísimo loft en NYC y el mismo aspecto físico de la pareja refleja su triunfo en el mundo de la Gran Manzana: *J es Keira Knightley, la lánguida y hermosa princesa secuestrada en Piratas del Caribe y *M es Sam Worthington, el australiano con acento raro y facciones toscas pero viriles que se pintó de azul para Avatar. ¿Qué se interpone entre ambos? Unas cuantas cosas: sentimientos, dudas e incertidumbres, además de otras dos personas: *A, que le corresponde a *J y *L, jurisdicción de *M.

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Muchas iniciales, algunos entrecruzamientos, pero en realidad todo resulta bastante simple: ¿qué hacer cuando aparece un segundo objeto de deseo por fuera de la pareja? ¿Qué significa una noche de infidelidad? En una de las últimas secuencias de la película, cuando entre *M y *L ya está todo dicho [y, por todo dicho entendemos el deseo carnal compartido], *L le pregunta a *M si alguna vez lo engañaron. *M responde que no y *L contesta con su propia experiencia: a ella sí la engañaron, pero eso no es lo importante, lo importante es que ella no se enoja por la infidelidad en sí misma, por haber sido engañada, se enoja porque ‘sintió que tenía que enojarse’. Es ahí donde está el nudo de la cuestión: no hay un sentimiento espontáneo de rechazo hacia la infidelidad, sino que funciona más como una imposición social que como una decisión individual.

Salgamos un segundo de la trama de la película para indagar en el costado sociológico, para llamarlo de alguna manera, de las relaciones humanas ¿No es acaso natural sentirse atraído por más de un objeto a la vez? Si se transpola el ejemplo a la vida cotidiana, la respuesta resulta evidente: focalizar toda la atención en un único lugar sería hasta patológico. La búsqueda de placer adquiere diferentes formas, se dirige hacia distintos elementos, busca diversos objetivos y satisface necesidades heterogéneas. Si no fuera así, qué aburrido sería todo.

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Volviendo a la película, la situación entre *A y *J es más compleja: la atracción no reside únicamente en la parte física, se amplía hacia las vivencias compartidas y su mayor dificultad está en la especulación: ¿qué habría sucedido si …? Y, por otra parte, ¿qué se hace una vez que ese si … ya fue completado? *J está casada y *A está comprometido pero el mero ejercicio fantasioso de imaginar qué podría haber pasado si … seguían juntos, si … tenían tiempo de cansarse el uno del otro [*J dice: “what i wouldn’t give to get tired of you”] es lo que pesa. Aquí, a diferencia del escenario anterior, no hay potencial daño. La infidelidad sexual, aunque aparece como opción, no es lo relevante; lo relevante es el sentimiento trunco de una relación posible que terminó no siendo. El problema es la posibilidad: lidiar con la realidad, por más dolorosa que sea, resulta más abarcable, más tangible, que lidiar con algo que podría haber sido y no solo no fue, sino que se desea que sea.

*J y *M rompen la promesa que se asume después del matrimonio; de maneras distintas pero ambos la rompen. La pregunta es dónde está el quiebre y si se puede reconstruir después de. ¿Qué pesa más: ceder ante la tentación o sentir un genuino sentimiento de amor romántico por dos personas distintas al mismo tiempo?

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En Historia de la sexualidad Foucault habla sobre cómo la sociedad victoriana logra imponer al mundo occidental el encierro de la sexualidad: si no es para la reproducción o la ganancia monetaria, el sexo como búsqueda del mero placer no es ni válido ni legítimo. Si se hace una historia de la sexualidad, lo que resulta es una historia de la represión, in crescendo, donde la satisfacción de los placeres mundanos [¿existen placeres de otro tipo?] está envuelta en un halo de culpa. Cuando *L habla de la infidelidad de su pareja, deja muy en claro que su enojo no es una reacción auténtica, sino que está moldeada por el deber ser impuesto por la sociedad. Algo similar le sucede a *J: ella ama a dos personas por igual, pero su elección se articula en base a la costumbre. El ánimo represor de la sociedad es quien termina estructurando comportamientos que deberían ser elegidos individualmente. Freud logró establecer un marco teórico a partir del cual entender ciertas conductas personales, pero no logró que, inclusive llegando a un conocimiento profundo de dichos comportamientos, la voluntad propia pueda pesar más que las imposiciones sociales.

Qué queda de todo esto: que la infidelidad no pasa por una noche de sexo y que el objeto de deseo puede ser más de uno. Y si la adultez mental acompaña, la coyuntura ayuda y el día está soleado, sentarse a pensar qué hacer de las propias acciones, quizá sea una buena receta. Porque es cierto que racionalizar las pulsiones no es tarea sencilla –es más, diría que casi imposible-, pero, al menos, se podría intentar tener un mínimo dejo de conciencia para poder, después, hacerse cargo de qué pasó alrededor nuestro cuando uno decidió acostarse o no en alguna cama. 

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Esta entrada fue publicada en 16 julio, 2013 por en Reseña y etiquetada con .

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