REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Antes de

Por María Victoria Moreno

Los episodios están separados por un espacio temporal de nueve años: Before Sunrise se estrenó en 1995, Before Sunset en 2004 y Before Midnight en 2013. Los protagonistas tienen alrededor de 20 años en la primera entrega [Celine 23 y, se supone, Jesse algo similar], 32 en la segunda y rondan los 40 en la tercera y última. Cuando Linklater escribió el guión de Antes del Amanecer nunca pensó que iba a tener el éxito que tuvo. Gracias a las repercusiones es que, tiempo después, se embarcó en el proyecto de la continuación, ahora teniendo a los protagonistas también como partícipes de la escritura de los diálogos [colaboración que mantiene en Antes de la medianoche]. El sentido de la trilogía está, justamente, en ver cómo cambia algo que comienza como un amor adolescente y se transforma en un amor adulto, rígido, dañado por la cotidianidad y el paso del tiempo.

before_triptych

Con ese primer párrafo empezaba el artículo original, como lo pensé antes de tipear el primer artículo. La idea era presentar las tres películas y analizar cómo cambiaban los personajes a lo largo de la trilogía [si es que cambiaban] e, inclusive, ver cómo esos cambios se relacionaban con las ciudades donde cada una de las entregas había sido filmada. Cuando escribía las primeras líneas, lo que quedaba por redactar parecía bastante aburrido: el amor, que sí, que no, nada nuevo, quizá algún comentario todavía no dicho sobre los primeros planos de las tetas de Celine, ni que fuera provocativo. Y justo cuando la resignación a la mediocridad iba a ganar la mano, aparecieron un par de textos dando vueltas por la red que excedían la mera crítica cinematográfica y trataban de enfocar, desde una perspectiva distinta, Before Midnight.

A pesar de haber tirado por la borda las intenciones del artículo original, conservo la pretensión de establecer un vínculo entre locación y etapa de la relación de los protagonistas porque, creo, la elección no es casual. Viena [en palabras de un escritor sudafricano]: positivismo lógico, música dodecafónica y psicoanálisis. Y, como escenario del largometraje inaugural de la trilogía, una ciudad prometedora que dejó su clímax hace ya más de un siglo –fue capital con el Imperio Austro-Húngaro, pero nunca del todo reconocida, nunca del todo consagrada- y que, en su promesa, carga con la potencialidad del amor que surge entre Celine y Jesse. París, ciudad del amor, en contraposición a todo el romanticismo muerto que llevan los personajes consigo en Before Sunset, ya más frustrados, más descreídos, con familias formadas, desamores en el historial, aunque también consagraciones, principalmente en el ámbito laboral. En la tercera y última, Grecia, cuna de la cultura occidental, los fundamentos de nuestra cosmovisión, el clasicismo, ahora venida a menos, corroída por una crisis tremebunda que, si bien no hace ni mínima aparición en los 109 minutos de relato, flota en el aire de la mano del clima nebuloso que ondea sobre la pareja.

before_midnight_ver2_xlg

Linklater sella de una manera real algo que sonaba demasiado hollywoodense en Before Sunrise. No suele suceder que nuestra media naranja aparezca en un tren, nos damos cuenta en menos de 24 horas que esa es, efectivamente, la mitad y, también en un rasgo hollywoodense que tiende hacia lo trágico, nos quedamos con un final inconcluso que se cierra nueve años después, en Before Sunset, donde lo que fue postergado una [quasi] década antes, se restaura: Celine le advierte a Jesse “you’re gonna miss that plane” mientras Jesse asiente, engalanado por una simpática recreación de Nina Simone.

Antes de la medianoche es el retrato del amor como una construcción. Ya no hay Danubio por donde encontrarse poetas lúmpenes, ni Sena donde torturarse por las malas pasadas del destino que no dejó que se cruzaran en algún deli newyorkino. Grecia es la aridez de esa construcción y el mar que rodea la península es la oportunidad que existe de seguir construyendo, pero ahora sobre una base sólida. No hay posibilidad de Grecia sin Viena o París, pero de poco sirven Viena y París si no hay Grecia. Ese es el mérito fundamental de la película: salir del ensueño amoroso para romper con el mito de que el amor es suficiente. El amor deja de ser suficiente a los seis meses de relación y, tal vez, queden holgados los ‘seis meses’. Inclusive sin tener hijos, las mariposas en el estómago perecen frente al ácido clorhídrico y, una vez que eso sucedió, lo que queda es trabajo. No es cinismo, tampoco descreimiento y, menos, un desamor reciente, sino un poco de experiencia, propia y ajena. Ni que hiciera falta demasiada lucidez para darse cuenta. Si quisiéramos salir de ese costado, la película se agota bastante rápido: lo que se transforma es el amor, no los personajes. Tanto Jesse como Celine son una versión potenciada de lo que eran en las primeras dos entregas. Jesse conserva, intactos, sus rasgos infantiloides, con la diferencia de que ahora es un escritor consagrado, mientras que Celine se ocupó de perfeccionar su neurosis, en todos los sentidos que ello pueda significar. Las reflexiones que ya hacía en Before Sunrise [“feminism was invented by men to fool around: free your body, free your mind, sleep with me”] y reversiona en Before Sunset [“couples are so confused right now because men need to feel essential and they don’t anymore”], las mantiene en Before Midnight: la anécdota de la bisabuela, segundo mejor promedio escolar luego de su marido, es vista por Celine como un equívoco deliberado de la mujer para dejar al hombre sentirse mejor consigo mismo.

before-midnight-1

Quizá por una incipiente alienación profesional, el contexto es algo que me resulta irrenunciable. Celine nació a fines de los ’70, cuando del sueño revolucionario del mayo francés quedaban solo los huesos; pedirle algo distinto de lo que hace es, tal vez, demasiado. El feminismo que se reivindica en la actualidad es posterior a eso. Las mujeres que hoy rondan los cuarenta años y cuentan con un par de hijos en su haber pretenden, en su mayoría, tanto la contención emocional como la limpieza del baño por parte de su pareja. La reformulación de esas condiciones está en las maternidades por venir y en las maternidades actuales que se animen a hacerlo, poniendo en juego algo más que un polvo en el telo. Before Midnight, así como Celine, son productos de sus creadores, que, a su vez, son productos de una época: director y actores/guionistas creen que la novedad es ver al hombre calentando la mamadera, escobillón en mano, porque eso era la vanguardia cuando crecieron. Y, en general, deshacerse de lo que nos inculcaron en la infancia lleva años de esfuerzo, introspección y fuerza de voluntad que, muchas veces, cae en saco roto. Dejemos a Celine con su conservadurismo. Si no existiera, no habría contra qué rebelarse porque, recordemos, sin Grecia, no hay ni Viena ni París. 

Anuncios

Información

Esta entrada fue publicada en 29 julio, 2013 por en General y etiquetada con .

Archivos

Follow REVISTA DAMASCO on WordPress.com

A %d blogueros les gusta esto: