REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

El bien y el mal

Tapa Matar a la niña - copia
Por Pablo Milani

Matar a la niña

Agustina María Bazterrica

Textos intrusos

219 páginas


Matar a la niña
es la imaginación de un planeta infantil e irónico. Es algo así como la traducción de una pesadilla con final abierto. Agustina María Bazterrica repasa una pintura religiosa de un modo lateral y adverso. Puede ser Dios o el Diablo el personaje de la trama, pero no deja de inscribir durante su lectura un destino atroz. Con un lenguaje esquivo y por momentos confuso, esta novela atraviesa un desgano del mundo ese del que nos hicieron creer. Desdibuja situaciones entremezcladas entre el bien y mal. El personaje principal de esta historia se busca desesperadamente a sí mismo. Y, por contrapartida, choca con la realidad en la búsqueda de su propio espacio singular. ¿Pero cuál es ese lugar? Es la búsqueda desquiciada de sí mismo, del yo personal e íntegro como un todo. Si la idea de Dios es ejemplificar la fe en otros como un certamen que hay que cumplir, el Diablo viene a ser el malo de esta historia o el infierno tan temido. “Todos somos frágiles, ínfimos como el vuelo de los insectos, pero no desaparecemos. Nos convertimos en algo peor.”  Matar a la niña, desencaja el universo de un Dios maternal e inequívoco como una ensoñación. Aún así la elección del personaje no deja de ser astuta. La invención de un Dios todo poderoso esta por afuera de lo relacionado como una posesión crítica del cristianismo. La obsesión como retrato de Matar a la niña  es justamente el mal como artífice y demonio contextual  que vive de algún modo en cada ser humano. La elección es al mismo tiempo un pasa tiempo liviano entre hilos perdidos  que retoman al final plagado de desordenes y sin sentido. Tal vez la paradoja sea la mirada irónica pero también inocente de querer matar el infierno afuera de uno. Es siempre el otro, como definiendo los principales clanes e ideologías en disputa por el predominio de la verdad. Pero hay algo sustancial, lo fantástico atravesado por un delirio sobrenatural que integra la mente de Agustina María Bazterrica. De un modo no causal, el personaje de Matar a la niña se pregunta: “¿Nadie le dijo que el cielo y el infierno los construye uno mismo?” ¿Por qué deberíamos construir imposibles? La intención de un pensamiento fiel ligado a la expansión colonialista por un cristianismo radical en todas sus formas, trajo a esta parte del mundo la idiosincrasia de un sustrato simbólico del poder. Revalorizar el mito de poder supremo para la integración latinoamericana manifiesta una fidelidad al menos cuestionable para sus enclaves entre Dios/Diablo y Paraíso/Infierno. Más allá de la influencia sustancial y extensa del creador de todos los cielos, uno se pregunta qué afinidades detecta en esta prolífica visión del mundo enrolada en corrientes de pensamiento que podrían haber espantado a Dios/Diablo por igual. “La idea de Dios es la única que no puedo perdonarle al hombre” Es ese destino de hielo enfundado en una muerte atacado por la muerte misma. Matar a la niña es el desenlace de una construcción/destrucción de nuestros propios demonios.

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Esta entrada fue publicada el 7 agosto, 2013 por en Reseña.

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