REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Atrapado bajo tierra

Jpeg

Por Guillermo Tangelson

Comenzar la semana atrapado en un subte rumbo al trabajo puede no ser la receta de la felicidad, pero ha sido grata mi sorpresa al haber compartido un ameno momento de civilidad y paciencia junto a los demás pasajeros con los que compartí una hora bajo tierra.

Había algo de trágico o predeterminado desde el principio. El subte se detenía demasiado tiempo en cada estación. Claramente algo andaba mal. El fastidio era silencioso e íntimo. Bufábamos en soledad hasta que se produjo «el incidente»: la máquina se detuvo entre Tribunales y 9 de julio.

Un pasajero que estaba cerca mío masticó entre dientes un «habría que matar a estos hijos de puta». El hombre bomba de tiempo, un clásico del género catástrofe. por lo general, es el primero que muere.

Hay que admitir el motorman le puso garra. Trató de hacer avanzar a la bestia de metal. La formación fue para adelante, para atrás. Se encabritó, pero no avanzó

En esos minutos, crecieron las especulaciones, las hipótesis y las teorías conspirativas. Algunos culpaban a Macrl, otros a Cristina. Yo preferí pensar que el motorman había sido atacado por un zombie y que venían por nosotros, pero nada de eso pasó. Sólo vimos pasar al motorman para socorrer a uva persona que se había desmayado en el último vagón. Amablemente le preguntaron como y cuando saldríamos. Y amablemente nos indicó el vagón de adelante para que fuéramos en esa dirección. Empezamos a bajar, a transitar las vías por el oscuro túnel. Lejos de asustarse, las personas parecían emocionadas. Todos con los celulares en alto , sacando fotos o filmando, como en un recital. Pero, ¿Cuál era el espectáculo? ¿Nosotros? Era éste un San Fermín urbano, pero sin toros y con menos glamour.

Fuimos yendo de a poco, dejando pasar a uno que parecía más apurado, otro que parecía más cansado, una que llevaba una silla de ruedas. Uno hablaba por teléfono y decía «estoy atrapado en el subte… Sí, -respondía heroico-, soy de esos» sonrío. Se ve que ya éramos noticia en la superficie. Algunos ya se veían cómo los protagonistas de Lost. Y querían llegar hasta la sexta temporada.

Al oír que estarían las cámaras de la  tele, una se peinó, otro sonrió, pero no vino nadie. La épica se desvaneció a la mitad del andén. Y cuando quise darme cuenta, ya era uno más del montón, rumbo a Constitución, con mi pequeña historia épica a cuestas del día en que estuve una hora atrapado en las entrañas de la tierra.

Anuncios

Información

Esta entrada fue publicada el 14 agosto, 2013 por en Nota.

Archivos

Follow REVISTA DAMASCO on WordPress.com

A %d blogueros les gusta esto: