REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Otro regreso de Roberto Arlt

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Por Nicolás Mavrakis

Escritor, periodista, dramaturgo y figura canónica de la literatura argentina, desde hace unos meses la obra de Roberto Arlt (1900-1942) cumplió también los 70 años establecidos por la Ley de Propiedad Intelectual como límite para convertirse en material de dominio público. Librada del pago de regalías y derechos privados de propiedad, la obra de Arlt comienza de a poco una revisión que en los mejores casos combina no sólo la reaparición de textos casi perdidos, sino también nuevos abordajes críticos y lecturas que ubican su sentido a la luz de fuerzas que nada tienen que ver con la nostalgia ni el oportunismo comercial. “El primer texto que nos encontramos fue Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires y a partir de ahí el trabajo nuestro fue dar y encontrar otras obras, cuentos, piezas de Arlt que tengan ese mismo eje en las ciencias ocultas. Elegida la temática, el trabajo fue poder encontrar los textos en viejas publicaciones, libros de hace años y ubicarlos con los demás manuscritos, dándoles una entidad propia dentro de nuestro primer libro”, cuenta Matías Luque, uno de los editores de la flamante China Editora, cuyo primer lanzamiento es el volumen Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires, que reúne algunos de los textos más antiguos y curiosos de Arlt, publicados entre los años veinte y treinta.

“Desde el origen de China Editora teníamos certeza sobre la importancia y la necesidad de publicar Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires, un ensayo escrito antes de que cumpliera 20 años y antecedente de la novela Los siete locos“, agrega el editor Guri Pérez Bruno. “Este texto tiene un peso específico propio que no solo polemiza con el ocultismo sino que interviene con una voz propia en el campo literario, como bien señala Juan Terranova en el prólogo. Así incorporamos las crónicas Tierras fecundas para el ocultismo y 1939 en el horóscopo de Hitler, y los cuentos Odio desde la otra vida y El aprendiz de brujo“, explica.

La irrupción de la nueva editorial significó un doble desafío para sus editores. Por un lado, construir un espacio de recepción adecuado para el sesgo de lecturas propias que implica el horizonte de todo sello; por otro, intervenir dentro del mercado editorial —que alrededor de la obra del autor de Los lanzallamas y El jorobadito implica también una relación con las editoriales más poderosas del país— con textos de Roberto Arlt a los que por pereza, extravío o desconocimiento, las grandes editoriales no han podido aún aproximarse. “No creo que podamos hablar de integración al mundo editorial ‘mainstream’, irrumpimos en el mundo editorial acercando un texto que faltaba”, opina Pérez Bruno. “Sin embargo, entendemos que sigue habiendo un trabajo pendiente en relación a Arlt:  una buena antología y revisión crítica de su obra completa”.

El siguiente paso de Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires fue construir, a partir del potencial de sus textos, un vínculo diferencial con los lectores a través de herramientas como la web. “La idea es no apuntar solamente al público que estamos acostumbrados en el mundo literario. Ellos por lo general están actualizados con las novedades editoriales. Buscamos ir más allá. Llegar a lectores que no utilizan las redes sociales a diario. Expandir la prensa digital y en papel a otros ambientes”, explica Caterina Maria, encargada de diseñar esa estrategia en China Editora.

“El cruce de género que hace Artl es muy lindo, y le sale muy bien. De entrada parece que va a empezar El juguete rabioso. Y después se pone monográfico y al mismo tiempo cáustico, sin dejar de narrar, de componer escenas y personajes. Por momento parece Michael Chabon”, explica por su lado el escritor y crítico Juan Terranova, encargado del prólogo de Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires, donde ordena la aparición de este texto reeditado de Arlt no solo como documento que anticipa el sesgo estético de una obra específica —la novela que en 1924 se publicará como El juguete rabioso— sino también como un texto en el que Arlt deja traslucir como escritor un manejo personal de los géneros literarios y periodísticos que anticiparían su relevancia como autor dentro del siglo XX. “El cruce entre crónica y ensayo, mezclado con herramientas de la ficción más tradicional, va a marcar toda la obra de Arlt y es una solución intensa y compleja al problema de la autonomía literaria y a la participación de la escritura en la vida social”, indica Terranova.

En ese sentido, Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires exhibe un amplio abanico de posibilidades al momento de  jugar y establecer relaciones conflictuales entre las fronteras de numerosos recursos narrativos. Esa originalidad es tal que, en manos de Arlt, cristalizan a pesar del transcurso de casi un siglo más de una de las preguntas que el periodismo y la literatura actual continúan haciéndose ante la expansión de sus áreas de incumbencia, por ejemplo, a través de nuevas máquinas de imaginación y narración como internet.

El primer lanzamiento de China Editora, por otro lado, muestra como en pocas obras a un Roberto Arlt sin dubitaciones a la hora de disputar el sentido de la realidad a eruditos de primera línea mundial como John Stuart Mill, autores religiosos como Juddi Krishnamurti y poetas como Charles Baudelaire y Paul Verlaine. Contra la figura de autor que el propio Arlt ayudaría a consolidar, entre referencias a su defectuosa formación escolar y a las coloridas anécdotas sobre su ortografía, la reedición de este texto inaugural del autor de El juguete rabioso muestra a un Arlt preciso y casi bibliotecario a la hora de mostrar las variadas cartas y el riguroso andamiaje de su conocimiento. “Uno de los grandes lugares comunes a la hora de leer a Arlt asocia su rusticidad con la falta de formación, su potencia con ignorancia. Es una lectura precaria que ya fue cuestionada y desarmada. Arlt era una excelente lector, muy informado, se autoeducó con mucho esmero y siempre estuvo pendiente de su formación”, añade Terranova. “Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires demuestra que muy temprano en su vida ya manejaba con erudición muchos temas, y podía argumentar y citar con elegancia y precisión. La idea de un Arlt “analfa” es un prejuicio tonto que él difundía de forma irónica, como parte de su programa de demolición de la parte adocenada del campo intelectual, y que fue reproducido por sus lectores menos avispados. Hace rato que la crítica lúcida sabe que Arlt no fue un bruto. Su obra lo demuestra”.

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Esta entrada fue publicada el 21 agosto, 2013 por en Nota.

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