REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

El adversario

ConstruirAlEnemigo
Por Gema Palma Moreira

I. Somos nuestro propio enemigo

“Tener un enemigo es importante no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo”, explica Umberto Eco. En Construir al enemigo (Mondadori, 2013), el semiólogo y escritor italiano identifica realidades difíciles de aceptar a primera instancia, pero que con el tiempo son tan asimilables que las naturalizamos. Construimos enemigos y los vencemos porque el bien vence al mal. Pero, ¿sabremos en qué momento seremos nosotros los enemigos y nos vencerán? O peor aún, ¿sabremos en qué momento empezamos a ser nuestro propio enemigo?

Construimos. Sobre bases  sólidas o no, buscamos sentirnos seguro y a salvo. Los problemas, las soluciones y los enemigos son construcciones sociales, reales o ficticias, y los “enemigos” han sido la mejor estrategia de quien tiene el poder para adoptar medidas con relativa facilidad, sin mayor oposición y hasta con beneplácito. A lo largo de los años y en una cadena irrompible, hemos sido participes o espectadores.

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Uno de los puntos más interesantes referidos por Eco es Wikileaks, la web que publicó más de 250.000 documentos confidenciales entre el Departamento de Estado de los EE.UU y sus diplomáticos sobre las operaciones militares que este país y sus aliados llevaron a cabo en Afganistán e Iraq entre enero de 2004 y diciembre de 2009, los que “constituyen un relato insoportable de violaciones de derechos humanos y de crímenes contra la humanidad”, expresa. Pero ¿no lo sabíamos ya? ¿No pasó eso antes? Recordemos que Richard Nixon tuvo que dimitir la presidencia de los EE.UU. tras demostrarse en el Watergate que espiaba a sus adversarios políticos. La cuestión es que hoy en día todos somos adversarios, terroristas, “el enemigo”.

Las filtraciones que hicieron Bradley Manning, Edward Snowden y Julian Assange no se han podido vincular con acciones terroristas contra Estados Unidos, sin embargo, el primero recibió una condena de 35 años de prisión, el segundo es un fugitivo por llevar a discusión el tema del ciberespionaje realizado por el Proyecto PRISM, que “analiza” las comunicaciones en Internet y está centrado “sobretodo” en ciudadanos extranjeros,  y el tercero permanece en la embajada ecuatoriana en Londres y seguramente saldrá de allí con los pies por delante cuando, como escribió un periodista de la revista Time en su tuiter, un drone lo mate.

Es así, los secretos inconfesables de una “democracia” son inconfesables. Una vez puestos a la luz, no pueden defenderse sino silenciarse, porque si no ¿cómo podrá regirse un poder que ya no tiene la posibilidad de conservar sus propios secretos?

II. Hablemos de hipocresía

Los enemigos políticos también contribuyen a restar importancia a problemas evidentes, a ocultar las deficiencias en la acción de un gobierno, y a aparentar un interés por enfrentar los problemas de los que esos contrarios son exponentes. Como la producción de enemigos es una acción siempre actual, ¿quiénes son los enemigos para Ecuador?

Marano Rajoy y Rafael Correa
En Ecuador se habla de la hipocresía del mundo: Por medio de la conocida iniciativa Yasuní ITT, este país se comprometía a mantener indefinidamente bajo tierra las reservas petroleras del campo ITT en el Parque Nacional Yasuní y pedía a cambio una contribución internacional equivalente al menos a la mitad de las utilidades que recibiría el Estado en caso de explotar el petróleo de este bloque en la Amazonia. Evidentemente, eso quedó en una hermosa utopía.

Antes de buscar culpables, lo que es muy fácil, debemos empezar por tratar de no ser ambiguos con nuestro discurso y aceptar que lo que tenemos es lo que merecemos, es lo que hemos construido.  Es claro que la decisión gubernamental de abandonar cualquier otra posibilidad y optar por el extractivismo, no hace más que sostener el estado actual de las cosas como algo inmodificable y termina convirtiéndose en reproductor de esta realidad, entonces la idea de un Socialismo del Siglo XXI debe ser descartada,  pero solo está bien que nos hagamos los ambientalistas siempre y cuando acarreemos la responsabilidad que conlleva sostener el discurso con las acciones, sino sigamos siendo espectadores.

III. Un fascismo genético

Lamentablemente, muchas de las preguntas planteadas tienen sus respuestas, pero en esta sociedad rige aquello llamado verdad como consenso, lo que significa que hemos logrado separarnos de la verdad y, gracias a esto, también de la distinción entre el bien y el mal, sometiéndonos completamente al principio de la mayoría.

Las cosas están así: todos sabemos que nos vigilan pero no ejercemos resistencia. A veces, por razones utilitarias adoptamos como verdadera una idea que sabemos que es falsa. Los famosos mensajes secretos de Wikileaks eran puros ecos de prensa y se limitaban a decir lo que todos sabíamos. Que todos sepamos lo que pasa a nuestro alrededor y estemos preocupados por comprar un celular de última tecnología y también por no explotar el petróleo demuestra que formamos parte de una sociedad vacía, falsa y amoral, únicamente preocupada por la felicidad individual. Construir al enemigo genera muchas interrogantes sobre temas políticos, sociales y hasta personales, que terminan reflejándonos el papel que adoptamos frente a ellos. Si elegimos ser neutrales, simplemente mostraremos el miedo a revelar el compromiso que a cada uno corresponde, aún por el simple hecho de estar en este planeta. Construimos nuestro infierno en la tierra. La víctima y el verdugo está en nosotros.

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Esta entrada fue publicada el 22 agosto, 2013 por en Nota.

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