REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Hay vacantes

facundo-r-soto-taller-literario-preventa_MLA-F-4301216347_052013

Por Marcelo Larrocca Ruiz

 

Taller literario – Facundo R. Soto

Blatt & Ríos. 92 páginas

 

Si se exigiera contraseña para empezar a leer Taller literario, una posibilidad sería haber visto más de una película de Almodóvar, estéticamente hablando. La otra clave sería gustar de una novela breve, de lenguaje directo, desvergonzado y que se lee al galope. Versos cortos, y al pie.

Un taller de escritura en el que sus integrantes desean fervientemente, además de ser escritores, encontrarse con ellos mismos. Como es de esperarse, el taller dictado por Gregorio brinda el espacio ideal como caldo de cultivo para las neurosis, grandezas y miserias de quienes asisten. Por suerte, no sólo se escucha absolutamente todo lo que piensa Facundo, su protagonista. También leemos relatos, como el de la visita a un hotel alojamiento como actividad extra-curricular, chats, algo de la producción de una compañera, una crónica de un viaje inesperado a Venezuela.

Hay algo que entretiene: los amagues. No todo a lo que parece apuntar se concreta. Las cosas pueden tomar rumbos imprevistos. O no tanto. Pero tampoco todo es reviente, porro y Bukowski. También está la búsqueda existencial y la masturbación en un mundo en el que sus habitantes sueñan, de a ratos obsesivamente, con ser publicados. Y no todo es punk: ¡horribles serían las obras sino estuviesen producidas por editores!

Con buena puntería, el humor de Taller literario no la transforma en una historia cómica. Sin embargo, hará más fácil de asimilar el vómito permanente de lo que a Facundo se le cruce por la cabeza y lo diga, así, como le dé la gana. Aunque entre tanto pensamiento enredado y continuo no es raro que aparezca cada tanto algún descenso a algún infierno personal, de un segundo para el otro y casi sin separación entre capítulos. De hecho no habrá éxito en buscar un índice, acá no hay orden: eso sí es más punk. Los colores son brillantes, como el agua de una isla de pescadores en el Caribe y ese quizás sea el momento más lento y reflexivo, una pequeña pausa para pensar en el acto creativo de escribir, de producir literatura. Valorarlo, putearlo y volver a quererlo, como a cualquier oficio que se hace desde el corazón.

Y todo esto, ¿por qué? “–Porque los textos me protegen, algunos autores que conozco y otros que no, también. –Sí, esa es la función de la literatura.”

Anuncios

Información

Esta entrada fue publicada en 2 septiembre, 2013 por en Reseña y etiquetada con , .

Archivos

Follow REVISTA DAMASCO on WordPress.com

A %d blogueros les gusta esto: