REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Ritmos negros del Brasil

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 Por Pablo Milani

Cuentos negreros – Marcelino Freire

Santiago Arcos. 73 páginas.

Marcelino Freire (Brasil, 1967) escribió con bronca Cuentos negreros, con los dientes apretados y el entrecejo fruncido. Son 16 cuentos breves que se titulan cantos desde un pánico marginal y difuso. La pobreza extrema en su lado más filoso. Historias de trabajadores, ladrones, prostitutas y traficantes de órganos. Con una escritura a la intemperie y sin atajos, Freire describe la desnudez de su país no contando historias, sino más bien como una ametralladora taladrándote el cerebro. Son vivencias, miradas ante la falta de todo y el odio hacia una sociedad hedonista y despreocupada por el que nada tiene. Cuentos negreros relata las carencias de un mundo deshidratado y hostil. “Los pobres sólo necesitamos ser pobres. Y no necesitamos nada más. Déjeme acá, en mi rincón. Al lado de la hornalla me quedo. Estoy bien. ¿Vio alguna vez que el fuego persiga a una sílaba?” Son actos con determinación y desenfreno, desprovistos de ternura y tibieza. En un mundo poblado pero solos, en un silencio aterrador y ausente de esperanza. Esa mirada que persiste hacia ese otro mundo civilizado no es más que la rabia de esa misma imposibilidad a la que tienen prohibida la entrada. Marcelino Freire en sus cuentos evocan otros lugares como si fuesen de un planeta simio. Despotrica contra en materialismo insalvable y toda su maquinaria dentro. Es una escritura despojada, sin convencionalismo, confesional y esteparia. Los personajes de Cuentos negreros no necesitan estar vestidos, lo que dicen y sienten habla como un todo. Una escritura sin ventanas frente a una exposición cruda sin ningún punto de defensa. “¿Hay esfuerzo más esfuerzo que mi esfuerzo? Todos los días, hace tanto tiempo, en este olvido. Despertando al sol. ¿Existe mejor abecedario? ¿Deletrear si se acerca la lluvia?” Los cuentos no empiezan ni terminan, son escritos inestables, sus personajes buscan un lugar sin saber muy cual es. Sin embargo, ¿Qué es lo que quiere lograr Freire sobre esta literatura de denuncia? Tal vez un escape hacia algo mejor, cierto descontento dentro de una sociedad martirizada pateando basura en un callejón.

Desencantado en la trasnoche de la palabra, esta vez no hay silencio testigo que logre hacerse un lugar. Todo es palabra, un lenguaje que provoca de a gritos. El lado más perverso de Freire es también un cúmulo de situaciones que no dejan tiempo a interpretaciones. Sus cuentos son improvisaciones de alguien que escribe musicalmente. ¿Por qué Cuentos negreros? Esa es una premisa inevitable de protesta que deja al lector una puerta entreabierta que él solo podrá descubrir. “¿El pasto sabe leer? ¿Escribir? ¿Ya viste algún perro científico, que sepa escribir? ¿Viste algún juicio de valor? ¿De qué? No quiero aprender, no me interesa.” Palabras que vibran como un mantra. 

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Esta entrada fue publicada en 3 septiembre, 2013 por en Reseña y etiquetada con , , .

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