REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Viejas narraciones prescindibles

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Por Sebastián Rodríguez Mora

A ciencia inciertaLuis Cattenazzi

Interzona, 123 págs.

Si Ud. tiene la oportunidad de enfrentarse a la lectura de este libro, salte sin mayor preámbulo a la página 79. “El arte del Doctor Morel” justifica mínimamente la colección de diez cuentos que A Ciencia Incierta conforma.

Bioy Casares y Borges tomaron de H. G. Wells el concepto de invención y transformación en La isla del Doctor Moreau; Bioy quedó en la historia por ser amigo de Borges y Borges por haberse inventado a sí mismo. Luis Cattenazzi es un devoto lector de ambos y no mucho más. Doctor Moreau, Morel, Lazarus Morell, Doctor Morel: pareciera que la única manera de hacer literatura fantástica en una isla desierta es mediante un misterioso profesional de la modificación de la realidad, de lo constante y usual (more- en latín está emparentado con mos, moris: costumbre, orden). Borges gana la contienda porque no necesita un argumento fantástico ni un personaje científico para tal objetivo: pone un outlaw esclavista en el delta del Mississippi –el archipiélago de barro- a liderar una revuelta negra para su propio beneficio. En el humilde caso de Cattenazzi, ganador de la aparentemente desolada edición 2011 del Primer Premio Fondo Nacional de las Artes, se reactualiza con ciertos objetos tecnológicos esa mitología de la literatura del siglo XX. “El extraño caso del profesor Harm Bötrich” y sus caniches clonados, “Las páginas de un muerto” y la inverosímil tarea del escritor aficionado manteniendo vivo a su escritor preferido; todos los personajes de este libro mueren sin sorpresa o enloquecen y entonces matan. O mueren, da lo mismo. Todo en la peligrosísima primera persona del singular y con un estilo demasiado clásico para un autor nacido en el año 1977, deudor sin dudas de los nombres ilustres que figuran más arriba en este texto. Parecieran los escritos que se guardaron en una cápsula del tiempo 50 o 60 años atrás.

Inverosimilitud se dice de muchas maneras, diría Aristóteles. Tenemos la inverosimilitud de César Aira, como tenemos también la de Luis Cattenazzi en el premiado A Ciencia Incierta. Que cada cual se deje llevar por su preferencia.

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Esta entrada fue publicada en 9 septiembre, 2013 por en Reseña y etiquetada con , .

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