REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Entrevista a Diego Paszkowski

PASZKOWSKI x Mordzinski 8

Por Guillermo Tangelson

Hay un Paszkowski que se hizo muy conocido este año por el éxito de la película Tesis sobre un homicidio, basada en su novela, ganadora del Premio La Nación 1998. Hay otro que viene trabajando en distintos géneros, experimentando estilos siempre distintos, que forma desde hace años a muchos de los escritores que son publicados y premiados en la actualidad. Un tercer Diego, músico, padre de dos hijos, se dedica a escribir libros para niños. 

Diego, alguna vez me dijiste que nunca se encara un proyecto literario de la misma manera. Si uno revisa propuestas tan diversas como Tesis sobre un homicidio, Alrededor de Lorena, el otro Gómez y sobre todo las novelas infantiles, cuesta enmarcarte en una determinada tradición literaria, sin embargo, el conjunto de tu obra guarda una gran coherencia que la unifica. ¿Cómo lográs ese doble juego?

Mis novelas reaccionan unas a otras. A la experimentación en Tesis sobre un homicidio, buscada en la construcción de frases muy largas, con capítulos enteros realizados con una sola frase de, por ejemplo, quince páginas, le siguió una prosa más sencilla y formal en El otro Gómez; ante eso, reaccioné en Alrededor de Lorena con una multiplicidad de recursos; y ahora reacciono ante Lorena con mi nueva novela Rosen –una historia judía-, que tiene una prosa aún más formal que la de El otro Gómez. Cada nuevo trabajo abre, para mí, un nuevo mundo.

Si uno pensara en un escritor con un chip, que de pronto está lavando los platos, se distrae y de la nada se pone en modo escritor infantil, o retoma una novela inconclusa y empieza a maquinar la trama de un crimen. ¿Vos qué chip crees qué tendrías más seguido en tanto escritor?

Ahora pienso mucho en encarar una continuación de Te espero en Sofía, la novela en la que cuento en clave de ficción ciertos episodios, con enamoramientos y también con peleas a trompadas, que viví en séptimo grado de la escuela Petronila Rodríguez, del barrio de Parque Chas. Sofía es el pasaje que hay detrás de la escuela, y cuando un chico quería pelear con otro lo invitaba así: te espero en Sofía, que es como decir “te espero en la esquina”. Creo que ahora debería llevar a Dody, mi personaje, a primer año del secundario. Pero no es seguro que vaya a hacerlo pronto. Escribo más bien poco, y en cambio doy muchas clases de taller literario, ya que mi verdadera vocación es la docencia. De cualquier modo, haga lo que haga, no dejo de pensar las veinticuatro horas del día en qué escribir y cómo hacerlo.

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¿Es cierto que El día que los animales quisieron comer otra cosa nació como forma de hacer dormir a tus hijos?

Así es. Nunca trabajé tanto un texto antes de escribirlo. Joaquín, mi hijo menor, tenía unos tres años, y yo le inventé esa historia para hacerlo dormir. Al otro día volvió a pedírmela, y otra vez se la conté. Él ya sabía a qué animal el oso le pediría qué alimento (zanahorias a los conejos, lechuga a la tortuga, y así), y le gustaba anticiparse a lo que pasaría en el cuento, o con quién debía hablar el oso. De modo que durante todo un mes le conté cada noche la misma historia, y mientras lo hacía la trabajaba en el aire, la pulía, hasta que al final me senté y la escribí de un tirón. Luego, Alfaguara Infantil me contactó con una excelente ilustradora, Francesca Massai, y cuando el libro salió tuvimos la suerte de que fuera aceptado por muchísima gente, en especial por colegios que lo adoptan para primer grado, ya que tiene letras mayúsculas de imprenta y suele ser el primer libro que los niños leen sin ayuda de los mayores.

¿Cómo te resulta la experiencia de presentar una obra infantil en medio de chicos, en comparación de las presentaciones del resto de tu obra?

Las visitas a colegios para hablar de mis libros, tanto de “El día en que los animales quisieron comer otra cosa” como de “Te espero en Sofía” son algo incomparable. Al llegar te encontrás con el agradecimiento y el amor de los chicos y las maestras, respondés preguntas, te llevás cartitas y dibujos, firmás todos los ejemplares y a veces asistís a una obrita de teatro o escuchás una canción que el grado preparó especialmente para recibirte. No hay nada más gratificante.

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¿Cómo fue recibida «te espero en Sofía» en tiempos en que el bullying es un problema en las escuelas?

Muy bien, por supuesto. En muchos de los textos que, en los colegios, recibí de los chicos, ellos dicen sentirse identificados con lo que le pasa a Dody, quien se enfrenta a los líderes del grado para lograr que decidan entre todos a qué jugar en los recreos.

¿Volviste a la calle Sofía de tu infancia al escribir la novela cómo hiciste en Tesis con las calles de París y los peldaños de la facultad de derecho? 

Cada vez que paso por Parque Chas rumbo a alguna otra parte, me detengo un par de minutos en el Pasaje Sofía y les muestro a mis hijos la calle y la escuela. El barrio sigue igual que hace treinta años, sin haber sido avasallado por los edificios y la modernidad, lo que me parece muy bien.

¿Qué autores infantiles consideras cómo referentes? 

Desde luego que Luis Pescetti. También Elsa Bornemann y la genia de María Elena Walsh, que es de otro mundo. Además, me gustan mucho las obras para niños hechas por autores considerados, por así decirlo, “para adultos”, como Luis Sepúlveda (“Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”), Osvaldo Soriano (“El negro de París”), Jorge Amado (“El gato manchado y la golondrina Sinhá”) o Isaac Bashevis-Singer (“El cuento de los tres deseos”), entre otros.

Una amistad te une con el gran Luis María Pescetti. ¿Qué te ha comentado él de tu obra infantil? 

Pescetti tuvo la amabilidad de leer “Te espero en Sofía” antes de su publicación y de hacer aportes valiosísimos, que nunca terminaré de agradecerle. Según él, los personajes de mi obra tienen carencia pero sin melancolía, lástima o vergüenza. Dijo que en mi novela se puede perder sin humillación y con dignidad, y que se trata de transgredir ciertos límites sin exponerse a peligros. En fin, tener un primer lector como él es, para mí, un lujo y un privilegio.

Tu obra siempre ha mostrado una preocupación por la musicalidad de las palabras, podríamos decir del «fraseo». ¿Vos notás una evolución en el ámbito de lo musical que acompaña la evolución de lo literario? 

Creo que las frases tienen su propio ritmo, de la misma forma en que sucede con la música, y algo de eso enseño en mi “Taller de escritura para jóvenes de 16 a 30 años” que desde hace tiempo dicto en el Centro Cultural Ricardo Rojas, de la Universidad de Buenos Aires. En una clase les muestro con ejemplos la historia del jazz, y luego los hago escribir una misma historia con frases largas y palabras largas, o con frases y palabras cortas, de acuerdo a diferentes ritmos musicales. Creo que todas las artes están relacionadas entre sí, también la plástica y el teatro con la literatura, etc. Justamente de eso trata mi curso de iniciación.

¿Qué se siente escuchar Estoy aquí interpretada por Sandra Mihanovich?

Una gran emoción y alegría. Tengo la suerte de hacer una dupla creativa con mi amigo Alejandro Devries, y de haber aportado casi todas las letras de su primer disco, “Andanzas cotidianas”. Sucede que desde hace unos años él es el director musical y arreglador de la banda de Sandra Mihanovich, y que ella eligió ese tema nuestro para abrir su nuevo disco, “Vuelvo a estar con vos”, que es un gran disco y todo un éxito. En el disco de Devries hay otro tema con letra mía, “Para que duermas bien”, que canta nada menos que Pedro Aznar. Es una canción de cuna que escribí hace años para mi hijo mayor, Ivan.

Además, cerrás el año publicando Rosen: ¿Cómo se supera semejante año?

Rosen –una historia judía– cuenta algunos episodios de la historia de mi familia, siempre en clave de ficción, y es la primera de mis novelas para adultos en la que abordo temas personales, familiares. Sale ahora en noviembre y espero que llegue a mucha gente. Es verdad que este fue un gran año. La reedición de mi “Tesis sobre un homicidio”, luego de la buenísima versión que hizo Hernán Goldfrid con el protagónico nada menos que de Ricardo Darín, estuvo en las listas de best sellers durante todo el verano. En octubre Tesis… se edita en Francia por La dernière goutte, y supongo que será difícil superar un año como este. De todos modos, no me preocupa: soy un hombre feliz, estoy muy seguro de lo que hago y no tengo por qué competir ninguna carrera ni contra mí mismo ni contra nadie. Gracias por preguntar.

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Esta entrada fue publicada en 10 septiembre, 2013 por en Entrevista, General y etiquetada con .

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