REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Apreciación antropológica del pedo

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Por Marcelo Larocca Ruiz y M. Victoria Moreno

Fotos. Florencia González Lanzellotti

Algo menos de 60 años, diez preso, vivió y participó del destape homosexual que llegó de la mano de la recuperación de la democracia, hasta que el SIDA se llevó a más de uno por delante. Con una mirada antropológica, Daniel Molina utiliza la categoría de ‘crítica cultural’ para definir su profesión. Al entender la cultura como “aquello que hace que el hombre se autogenere permanentemente”, su mirada crítica se extiende desde la definición de “literatura” hasta lecciones pedagógicas sobre “cómo chupar pija” o el valor literario del pedo. Conocido en Twitter por un arroba que surgió un poco por azar, un poco por falta de disponibilidad, su superhéroe imaginario se transformó en el vocativo que lo convoca en la vida real. Desde un discurso lúcido y marcado por vívidas experiencias, se autoproclama optimista aunque algunas de sus apreciaciones dejan entrever trazos de descreimiento: con respecto al pasado todo siempre mejora pero los años no vienen solos.

¿Qué empobrece la cultura?

Nada. ¿Qué puede empobrecerla? Que se aparezca el hombre. La cultura es algo propio de la actividad humana. Ese tipo de frases como “la derrota cultural” son divertidas para Twitter, pero en realidad todo lo que se produce en la cultura es cultural. Por ejemplo: la gente que todavía cree en la literatura y que se lamenta de que ahora la literatura no es buena. Pero yo creo que no hay más literatura, no es ni buena ni mala. Todo lo que se produce es otra forma de escritura. Mientras existan seres humanos actuando como tales no hay forma de empeorar la cultura, aunque tampoco sé si mejorarla porque siempre hay una actividad antientrópica, diría, porque no tiende a enfriarse.

 ¿Esto tiene que ver con que “el mundo siempre está mejorando“?

Eso siempre, claramente. A medida que envejecés te das cuenta cada vez más que con respecto al pasado todo mejora, siempre. Podríamos decir que, como tendencia, la experiencia humana mejora. Y como prácticas, las diferentes prácticas y formas culturales, nacen, se desarrollan más o menos bien, llegan a su perfección o no, decaen y mueren. Por eso me parece que la literatura no tiene ningún lugar. Cada vez que alguien me dice “estoy escribiendo una novelita” me da un poco de pena. Igual es verdad que en ciertos ambientes esto ocupa el lugar de un bautismo. Hay lugares en los que, para poder entrar y ser culto, tenés que tener un libro. Yo creo que por unas cuantas décadas se van a seguir dando becas, subsidios, viajes, podés conocer Princeton porque Piglia te va a llevar a dar una charla si hiciste una novela que a él le gustó. Si vamos a eso, a lo mundano, eso va a seguir existiendo. Se van a seguir produciendo libros y la gente los va a comprar porque son objetos que son lindos para regalar. Es más barato regalar un libro que otra cosa. Dentro de muy poco tiempo los libros van a ser hipersofisticados en su edición, carísimos y no van a haber libros de menos de trescientos o quinientos pesos, pero que van a tener que ser de lujo como para que la gente quiera comprarlos. No importa lo que tengan porque nadie los lee. No se lee más, se acabó. Podés poner “pedo, pedo, pedo” con diferentes grafías para que la gente no note que es la misma palabra, lo hacés lindo, bonito y la gente lo va a comprar. Pero ya no se leen libros porque no podemos seguir creyendo que hay un mundo entre dos tapas. O sea, el mundo hoy se conecta a través de fragmentos, la cultura es infinita, todo va para todos lados, todo te lleva a otro lugar. Vos estás leyendo y ves una palabra que no entendés, buscás en Wikipedia y no sabés cómo fuiste a parar a un video de Calamaro y, de golpe, te ponés a buscar recetas, hablás con un amigo, te trae vino, se emborrachan, no se acuerdan de nada de lo que vieron: así funciona la cultura hoy.

 ¿Qué valor tiene la crítica cultural en Twitter?

La crítica cultural, por empezar, a diferencia de la crítica literaria, de artes visuales y demás, es un estado de la mente. O sea, no es una crítica especializada en algo, sino una forma de mirar el mundo. Yo cuando digo que soy crítico cultural estoy diciendo que miro el mundo de una manera crítica desde una antropología de la cultura. Y esto lo miro en cualquier cosa, cuando digo “pedo” o cuando doy lecciones de cómo chupar pija. No es que sea crítico cultural en algunos casos. Hay una ambivalencia de la palabra “cultural” que es fuente de muchos malentendidos. Uno de ellos, desde el campo periodístico, es pensar la cultura como un espacio específico que remite al espectáculo “culto”, al espectáculo “sofisticado” frente a lo más chabacano o masivo (cine, televisión, el teatro que queda de una época en que fue masivo con actores de TV). Ésta es una visión muy acotada de la cultura que a mí no me interesa, una especie de “tiendita periodística”. La otra visión de la cultura es la práctica humana expresándose como humana, a diferencia del resto de los animales. En este aspecto es que me interesa la cultura, aquello que hace que el hombre se autogenere permanentemente, mientras que las otras prácticas tienden a desaparecer.

Relacionado con lo que hablabas de la visión antropológica de la cultura, ¿no te pesa un poco estar constantemente ejerciendo una visión crítica sobre todo?

No, porque yo me río, tengo mucho humor. Empezando por reírme de mí. Yo no creo en ese humor twittero de adolescente cínico que es mirar al otro y decir si es gordo, si se le nota el ombligo. Toda esa onda no me va como humor. A mí me interesa Buster Keaton, que el primer objeto de exhibición obscena es él mismo. Por otro lado, cuando digo crítica, no digo “demoledora”. Tampoco creo en eso de decir, cuando se habla de periodismo, que hay que denunciar. El periodismo en la Argentina siempre fue cómplice de todos los crímenes, de todos los robos y las corrupciones. Pero ahora les dijeron “pueden chumbarle al Gobierno porque no hicimos negocios con ellos”, entonces creen que se hicieron héroes. Chumban porque los dejan, porque Clarín necesita periodistas que ladren. Cuando mañana Clarín negocie con Massa que los periodistas se callen, o todos estos se van o aprenden a meterse de nuevo la lengua en el orto. Quiero decir, el periodismo no es crítico, es lo que los dueños de los medios dejan que sea. Por eso el periodismo está muriendo. Vendrán otras formas de informarnos entre nosotros, además hace falta. Si uno lo que tiene es nostalgia de lo que hubo no ve la mutaciones. Estamos en un cambio de época tan radical como fue el pasaje de la edad media a la modernidad, pero diez veces más radical. O sea, estamos viviendo algo parecido al Renacimiento, pero que se da a velocidad supersónica, acelerado por Internet. También se puede ser crítico trágico. Trágico en el sentido moderno porque los griegos en la tragedia tenían mucho humor. Hay algo que el cristianismo nos ha quitado que es la experiencia anterior al cristianismo. Por ejemplo, ¿cómo vivían las sociedades sin culpa? ¿Cómo se vivía en un mundo donde la sexualidad no era edípica? Esto lo piensa Houellebecq en Las partículas elementales. Si se nace clonado no se tiene la experiencia de tener padre y madre, por lo tanto la sexualidad no puede ser edípica. Pero el Edipo de los griegos, a pesar de haberlo inventado, es antiedípico, no es el Edipo de Freud. Para eso necesitás capitalismo y esquizofrenia, como dicen Deleuze y Guattari. Creo que Nietzsche tiene razón cuando dice “volverá la cultura”. Él llama “interrupción cristiana” al momento en que se pierde la cultura, como etapa de “cultura para la muerte”, de trabajar para otra vida, ver todos los placeres como enemigos y malos.

¿Cómo ves que se ejerce la militancia en twitter?

La militancia es insoportable, detesto a los militantes; será porque fui militante y conozco muy bien de eso. Se milita en todo, no solo en twitter, en la vida real en general. Por ejemplo, recién dije “quiero un perro ya” y se aparecieron veinte personas diciendo “adoptá, no compres porque hay tantos perritos sueltos” y ahí ya tenés una militancia por el perrito abandonado. Todo el mundo tiene una militancia, todo el mundo tiene una causa. Yo creo que las causas son lo peor de la humanidad, así que no veo bien la militancia. A pesar de que algunas militancias ampliaron el horizonte, mejoraron algunas cosas, a veces son incluso hasta necesarias. Pero es muy difícil no fanatizarte siendo militante. Como decía una ex militante de los ’70 que estuvo con Montoneros y después se escapó: “no nos dábamos cuenta que militar te hace milico”.

¿Cuándo generás más feedback por parte de tus seguidores?

Hay una nueva religión que es fanática, propiamente del momento en la Argentina y que va a caer, que en este momento está empezando a ser un fanatismo moderado, es decir que te matarían sin torturarte, pero que hasta hace muy pocas semanas era un fanatismo radical y es la adoración a Lanata. Vos podés decir “al Papa hay que violarlo y matarlo y Jesús era puto” y alguien se ofende un poco pero más o menos se tolera. Ahora, vos decís “Lanata está un poquito más gordo” y ya te salen a matar. Es el dios impoluto de la gente que ha fracasado en la vida y que ven en él la única excusa para tener un ideal. Ahí hay una militancia muy fanática, muy atroz; lo mismo pasa con Lilita. Cuando nombro a Lanata o a Lilita es cuando más gente me deja de seguir, más gente me insulta. En twitter ya hay un nivel tal de locura política y además hay un montón de trolls que están todo el día agrediendo, sobre todo manejado por algunos periodistas de Clarín o de La Nación.

Cuando recibís un feedback negativo, ¿te afecta?

Sobre todo el primer año me afectaba mucho porque yo soy muy apasionado con las cosas que hago y creo mucho en las interacciones con las personas. Incluso todavía ahora, gente que veo que me insulta y que yo estimo o que dice cosas horribles y demás, no entiendo. Yo soy una persona que no odia, tengo como una especie de déficit, porque no odiar es un déficit. Pero no puedo odiar; no es que me propongo no odiar, pero no odio. En twitter, hay un nivel de expresión del odio por cualquier cosa que es excesivo. Creo que eso es una especie de enfermedad social: tienen una vida de mierda. ¿Nadie se da cuenta de que se va a morir? ¿Nadie se da cuenta que la charla que tenemos ahora es una parte integrante e intensa de tu vida? No es que después de acá vos te vas a tu casa y vivís: vos llegás a tu casa y te bañás, cocinás arroz, todas las tareas que hacés, o son estúpidas o son interesantes porque vos las hacés interesantes. Esa gente que entra a twitter a desquitarse, ¿qué hace afuera de twitter? Hace lo mismo, tienen una vida de mierda, una vida horrorosa y en esos lugares se nota mucho. No quiere decir que todo el mundo sea así porque cuando tiro buena onda, también tengo mucha repercusión. Lo que pasa es que mucha gente piensa que cuando te va bien es porque ese lugar lo estás robando.

¿Cómo surgió el programa en el Canal de la Ciudad?

En el Canal de la Ciudad me conocieron por twitter, me invitaron a tomar un café y me dijeron que haga micros sobre artes visuales. Les dije que basta de artes visuales porque me parece una pelotudez, porque hace 30 años que estoy hablando de lo mismo. Quería hacer otra cosa. Empezamos a pensar y se nos ocurrió “Los Futuristas”, que ellos ahora lo ven y les gusta mucho y quieren que haya segunda temporada pero les dije que no, que se acabó. Yo soy así: hago las cosas una vez y que la gente las extrañe. Que la gente extrañe pero que no se aburra. Ya tenemos un par de ideas pero el Canal de la Ciudad es tan pobre. Para que te des una idea, el presupuesto total del Canal de la Ciudad pasado a dólares blue, en EE.UU, no alcanza para hacer el tráiler de una película tanque. Y es el presupuesto total del Canal.

¿Te ofrecieron plata por twittear?

Nunca. Lo que hay de publicidad en twitter son agencias pequeñas de gente joven que entró en la red y que, en general, pone a las estrellas que son amigas de ellas y, como no soy amigo… Y, además, no entro para una agencia porque soy contradictorio: una agencia que publicita pañales nunca va a comprar mis tweets porque digo que hay que chupar pijas, aunque sea a las dos de la mañana. Hay un conflicto de intereses, no soy amigable para las marcas. De hecho, nadie me ofreció jamás 20 pesos para twittear, nada; no te digo mil o cincuenta mil.

¿Por qué @rayovirtual?

Porque me aburrí. Yo entré a twitter en 2007, apenas empezó, cuando era en inglés y casi todos los que usaban twitter eran chicos de la Zona Norte del Gran Buenos Aires o equivalente y muchos twitteaban en inglés porque creían que los iba a leer Obama o Bill Gates y se iban a ir a trabajar a Silicon Valley, a Google. O sea, la gente que es boluda es boluda. Esa boludez que creés que estás en Antofagasta, twitteás en inglés y te viene a comprar Steve Jobs, no. Entonces ahí me aburrió un poco porque estaba lleno de boludos, así que a los 15 días cerré mi cuenta y me fui. Y, más o menos en el 2009, cuando reabrí la cuenta y quise poner @danielmolina, como la primera vez, ya lo había usado una chilena, una tal Daniela Molina. Entonces probaba y twitter me sugería, como te sugieren las máquinas, @danimoli2028, @danielmolina1944000. Y pensé en ser un superhéroe y puse @batman y, obviamente, ya estaba usado, @batmancagó estaba, @batmansemuere estaba, @supermansecogeabatman, estaba, ¡todo estaba! Entonces se me ocurrió inventar un súper héroe nuevo, @rayovirtual: aceptado. Y así salió. No fue un estudio de marketing ni nada, fue simplemente intentar que twitter me aceptara un nombre. Con @rayovirtual hay una anécdota: cuando fue la muerte de Osama Bin Laden era noche en Pakistán pero mediodía acá. De golpe un periodista norteamericano me pregunta si era real que al lado mío estaban bombardeando y que podía estar Osama. Yo pensé que me estaban tomando el pelo, que era una camarita para Tinelli. Le digo que no y me pregunta si yo estaba en Pakistán. Le respondo que estaba en Buenos Aires, Argentina y me dijo que había habido una confusión con el nombre. Al rato leo “rayovirtual está con Osama”: el tipo, el vecino, un ingeniero informático que vivía a una cuadra de la casa que estaban bombardeando, estaba transmitiendo en inglés y se llamaba ‘virtualray’, rayovirtual en inglés. Eso fue lo más increíble que me pasó jamás en twitter. Y después el tipo fue citado por el New York Times porque fue la fuente primaria que dio la información pero no fui yo. 

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Esta entrada fue publicada el 27 septiembre, 2013 por en Entrevista.

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