REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Nazis en Bariloche

 

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Por Pablo Milani

WakoldaLucía Puenzo

203 páginas. Emecé.

Lucía Puenzo (Buenos Aires, 1976) en esta novela deja en descubierto la proximidad imaginativa de una historia atrapante y llena de intrigas hasta el final. Situada en la Patagonia argentina en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Wakolda trata sobre el saber sin poder decir, y la virtud de ingeniárselas para soportar todos los asedios. El encuentro en el medio de la ruta del desierto entre una familia con una niña por demás especial y un nazi refugiado en un lugar nada ajeno al paraíso, tejen la trama de esta historia para cada superficie. La enfermedad y la admiración de esa niña adolescente demasiada pequeña para su edad y este extraño señor alemán de pocas palabras y con un pasado secreto e indecible dibujan el rompecabezas con una gran pluma dispuesta a todo. Al señor, la familia lo alojará en una hostería. Los padres de la niña seguirán mirándolo con recelo, mientras ella quedará embarazada de gemelas con pocas probabilidades de vida para las niñas. No obstante, obtendrán ayuda de la persona menos pensada. El señor alemán que dice llamarse José, mezcla de santo y nada más alejado que su nombre real. Entre silencios y muñecas de porcelana, esta novelase presenta como un universo inestable que camina a oscuras. Las motivaciones de sus personajes delatan, cada uno a su modo, un camino sin salida pero que a la vez es compartido por sus integrantes. La astucia de la historia se impone a la prosa de Wakolda no dejando espacio para su significación social en el que se transforma un horizonte donde la elección deja de ser una posibilidad abierta. Sin embargo, Lucía Puenzo atraviesa una modalidad de escritura en la que todavía no han sido procesados los discursos morales y religiosos. Un periodo donde se ha reprimido el derecho a saber la verdad. Por lo tanto, los silencios bloquean la comunicación social en una comunidad profundamente afectada por barreras que permanecen ocultas. Aún así, considerada desde esta perspectiva, Wakolda se describe como una estructura que cuenta lo que empieza a suceder como puertas que se abren sin saber que estaban ahí. Sin embargo, nunca se va a dar de conocer del todo y esto es la que no le va a dar la posibilidad de funcionar como un todo, como si faltaría un orden más descriptivo y a la vez paradójicamente construido desde un exilio en una tierra inhóspita y sin preguntas. En ese diálogo oblicuo se construye continuamente el reconocimiento, pero a la vez cada ilusión termina siendo defraudada o apenas reconocible en un espacio compuesto de fragmentos. El miedo, del que jamás se habla, esta allí, al acecho, pero a la vez ausente, salvaje y púdico. La figura del erotismo y la muerte se cruzan, persiguen lo real, aquello que la voz oculta o desnaturaliza. El horror en la pluma de Puenzo salta sobre la historia que parece desmembrar y transcribir como una forma de postergación desde una mirada diferente que altera los objetos. Finalmente, Wakolda parece defenderse sola en tiempo y espacio como una sucesiva expansión. Y una cosa más, la novela acaba de llegar al cine, con la dirección de la misma Lucía Puenzo, un paso más hacia la consagración del arte.

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Esta entrada fue publicada en 3 octubre, 2013 por en Nota y etiquetada con , , , , , , , , .

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