REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

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Por Pablo Milani

Maldad -cantidad necesaria-

Patricia González López

Milena Cacerola-Llantodemudo / 134 páginas

Maldad-cantidad necesaria recorre un archipiélago de grietas a punto de explotar. Su forma es la de un misil que no pudo dar en el blanco y aún así se las ingenia para sobrevivir. Seguramente porque es poesía, poesía que derrama desengaños y una fractura que no se deja corromper en todo el libro. Patricia González López (Buenos aires, 1986) apunta a la culminación de un despojo sin dejar la integridad, y de este modo reconstruye situaciones de propia urgencia y desencanto desde un lugar sin odio. “La mente me patea los ojos / se me perdió el disco de catarsis / y sola ya no lloro”. El desconsuelo, al enfrentarse al espejo vacío hace que cada hoja que sigue sea sólo por medio de un océano vacilante, donde siempre la incertidumbre es la del otro. Desencadenante y sin fronteras reconocibles, Maldad transcurre como un sondeo donde nunca se piensa como escritor. De este modo hace que la escritura de González López divague en su propia interrogación. “Yo noto que se me parte todo el odio encima / me veo desapareciendo todo el tiempo / me llevo / bajo el brazo / una multitud de olvidos”. El libro pasa, atraviesa, declama en defensa propia un lugar que sucede en movimiento. Sus denuncias se van colando entre los huesos de la palabra que va a buscar y no encuentra. Mata, cuando cree que todavía puede seguir. Maldad-cantidad necesaria– es también unas ganas incontenibles de decir basta, “para los sentimientos las palabras son rasguños”, de abrir ventanas y gritar en consecuencia. Demolición y desenfreno se dan cita en una defensiva decisión donde lo más hondo siempre es la piel. Pero también hay un gesto dubitativo en sus giros y laberintos que no llegan a tomar forma, “Y luego el sueño recurrente / que no me digas que soy buena y me dejes / que me digas que soy buena y me elijas”. El desencuentro de un amor, la pérdida y la lucha incansable de llegar a ser de cualquier modo completan el cataclismo demencial de una pluma que escapa del dolor hacia un destino no menos seguro y también indefenso y hostil. “La traición es una forma de verdad”, sentencia González López desde su escondite en un libro que “desarma y sangra” citando a Charly García. Tiene un revés anímico y sustancial, una hendidura barroca, una escritura a distancia que a veces funciona como un monólogo interior. Sin embargo, a Patricia González López no le importa el azar. Su elegía en el tiempo no deforma, sino más bien que expone una manera de escribir arrolladora. No le teme a la verdad, esgrime su deseo con rabia y desesperación. Finalmente, Maldad-cantidad necesaria-, desconfía de todo y de todos y no da por terminado nada. “Cuando me detuve a sentir sobre mi decisión, me pregunté: ¿Eso era jugarme por amor o abandonarme?”, reza al principio del libro.

 

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Esta entrada fue publicada en 4 octubre, 2013 por en Reseña y etiquetada con , .

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