REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Lo que comí

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Por Marcelo Larrocca Ruiz

Comí
Martín Caparrós
Anagrama
231 páginas

“A usted le parece que el tipo de comida que he comido en mi vida tiene que ver con estos… inconvenientes? Ya en la mitad de la pregunta me doy cuenta de que mi pregunta es una estupidez: que el doctor Kim no puede contestar que no, que es obvio que todo lo que comí tiene que haber tenido una influencia en mi estado presente aunque eso mismo que comí podría haber tenido tantas otras, y que se lo pregunto –sobre todo, que se lo pregunto– para poder internarme en mi culpa sin más límites: si ahora estoy aquí es porque comí lo que comí, soy lo que hice de mí, soy esa mierda.”

Si bien se trata de comida, Comí no es un tratado sobre la actividad manducatoria. Si bien su autor, protagonista de esta novela, fue crítico gastronómico, no se trata en –casi– ningún momento de la enumeración de las comidas a lo largo de su vida. Eso sería a todas luces aburrido o digno de ser difundido por alguna publicación especializada y no por la colección Narrativas Hispánicas de Anagrama. 

El acto de comer se realiza con el cuerpo y el cuerpo se hace presente cuando duele. Es a partir de un dolor que Caparrós acude a la “máquina médica” en busca de auxilio, aunque a veces la ignorancia en materia de salud sea lo mejor que le puede suceder a cualquiera. El médico prescribirá el vaciado completo del cementerio de su sistema digestivo y ahí Caparrós se pondrá a hablar frente al espejo en los días previos a una colonoscopía.

Por momentos solemnemente autobiográfica, crítica con la vida de crítico, detallista de la vida íntima, solidaria en las angustias, con aires de soberbia en las explicaciones, generosa en sarcasmos.

Muy bien, ahora: ¿qué es la comida? ¿qué significa comer? ¿es debida la modestia? ¿qué está haciendo realmente un cocinero cuando cocina? ¿”la cultura es un éxito”? ¿qué es un pedo? ¿por qué no se puede comer caca?

O sobre la comida y la nación: “Patria es la tierra donde se ha comido ¿o aquella que te come sarcófaga insaciable?”.

Respirar, comer [59.000 veces, calculadas a la edad del autor], coger y morirse. La muerte es un tema cuando está “en riesgo” la vida. O al menos es una excusa para escribir.

Después de todo “no hay nada más común que un hombre en los momentos en que se siente realmente único: cuando coge, cuando se muere, cuando descubre algo, cuando guarda un secreto. Esa supuesta conciencia de nosotros mismos […] es lo que nos pierde.”

Además de activar las papilas gustativas, generando más o menos placer y producir sensación de saciedad, lo sabemos, la comida tarde o temprano se vuelve mierda. Mierda es todo lo que el cuerpo, como animal implacable, saca afuera y lo “más sólido que produce el cuerpo: por eso –aunque más no fuera por eso– habría que respetarla”.

Para alguien que trabajó de comer, de comer los platos más elaborados y exclusivos que su trabajo le permitía, muchas cosas no le quedaron por probar…

“Decidieron no pensarle un nombre. Pero después, me dice Pablo, verboso, mientras prepara el bisturí para cortarlo al medio, anoche, cuando nació y murió casi al mismo tiempo […]”

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Esta entrada fue publicada en 17 octubre, 2013 por en Reseña y etiquetada con .

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