REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Daniel Santoro: “Pintar es un acto violento”

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Por Pablo Milani

Finalmente me encontré con Daniel Santoro en su taller, a pocos metros de su casa en el barrio de Montserrat donde llegué rodeado de una tarde indecisa de primavera. Estaba pintando un cuadro que representaba algo así como “los quilombos del peronismo”, dicho en sus palabras. Muy amable, me invitó a sentarme y ahí nomás comenzamos a conversar sobre su profesión, sobre ¿Cómo enfrentar la tela en blanco? Y claro, sobre el pasado y ahora del siempre presente peronismo.

Daniel Santoro nació en el barrio de Constitución en 1954 y desde muy temprano se inclinó por la pintura. Egresó de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Y entre sus muchos trabajos, hay uno que lo marcó enfáticamente, trabajar en el taller de escenografía del Teatro Colón.

¿Te definís como pintor?

Sí, como un pintor. Dibujante pintor si querés. Artista plástico tiene otras connotaciones. Me interesa más el hacer. La práctica del oficio. El artefacto, desciendo de una familia de tanos. Siempre esta la cosa de hacer algo. Me identifico más como pintor, como artesano. Es más prestigioso ser artista plástico. Pero yo soy pintor.

¿Cuánto tiene que ver tu estado de ánimo a la hora de pintar?

En general nada tiene que ver. Uno pinta triste también. No es una condición estar feliz. El trabajo hace que uno se sienta mejor. Como terapia puede servir. Cualquier estado de ánimo es factible para de pintar. A veces es una tarea un poco mecánica, uno descubre cosas y tiene que hacerlas como de espaldas al resultado. No hay mucha diferencia entre ponerse a caminar y pintar. Siempre es reconfortante.

¿Tenés una idea de lo que vas a pintar previamente o es algo que surge durante el curso de esa pintura?

La idea a veces existe y después no existe más. Parece que tenés algo y de pronto no tenás nada. De pronto porque no tenías nada aparece algo, que al principio creías que había, lo que aparece en realidad es lo que no había. Es como caer en un vacío y de pronto llegaste a un lugar que no lo hubieses encarado de no tener una certeza previa. A veces esta la idea previa, incluso parece que la idea ya está, es un laburo innecesario de algo que es una certeza muy grande. Entonces la desprecias por ese motivo también. El trabajo en sí es una forma de oración. Es una cosa que tiene que ver con la humildad, no sabes bien porque estás ahí. ¿En dónde estas metido? Sos inconsciente de un montón de cosas entonces lo único que te queda es rezar y pasar por ese lugar. Entonces eso es lo que termina siendo y hay algunos logros que uno ve que tiene en ese atravesar, una especie de desierto. Inventaste algo. Eso es algo extraño, no es fácil de lograr. La poesía creo que es eso. En el arte hay un desconocimiento previo. De que todo lo que vas hacer esta condicionado a que lo hagas, el desafío es ese. Porque vos podés imaginarte una imagen, pero después cuando la hiciste jamás es la que te imaginaste, siempre es otra cosa. Y después hay un distanciamiento, eso que hiciste después no te pertenece más. Es algo ajeno, después tiene vida propia. En realidad nunca sabes cómo hiciste las cosas. Eso también es parte del misterio. Hay lugares, rincones que yo me pregunto ¿Cómo llegué ahí?

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¿Qué es lo que no le debería faltar a una pintura?

Eso es algo muy personal. Generalmente lo que va pasando es que hay un despojamiento. Vos decís que es necesario y después la mayoría de las cosas no son necesarias. Y eso también es una lucha. Lo que debería estar y lo que no debería estar o por qué debería haber algo donde no hay nada. Primero hay una tela en blanco. ¿Por qué debería haber una pintura? El primer atravesamiento es ese, el fantasma de la tela en blanco. ¿Por qué yo soy el que debería hacer algo? Y después irrumpir, porque siempre es un acto de violencia. Es fascista hacer algo. Es una irrupción terrible. Pintar es un acto violento. Violenta el ojo ajeno. Es una imposición. ¿Por qué yo tengo que hacer que alguien mire algo? ¿Dónde antes no había nada? Entonces ahí hay un juego, de vanidad, de presencia, de querer dejar una marca. Y eso es una lucha de poder dentro del mundo del arte. Todo va a comparecer ahí en la mirada, todo el universo va a estar implicado ahí. Hay signos en todos lados que te inquietan y te llevan a otra cosa. Entonces esa pulsión por la mirada es la que genera un universo para vos. Y empezás a ver faltantes, agujeros, cosas que no terminan de consolidarse, imágenes difusas, entonces vos entras a operar en todos esos lugares donde esta la grieta, donde esta el defecto.

¿Un cuadro se termina o se abandona?

No hay una forma de saber cuándo esta terminado un cuadro. Siempre esta la intuición en el medio y después esta la desmentida de esa intuición o sea la falla de la intuición y uno vuelve sobre el cuadro después de años. Uno ve un problema y lo repara o lo arruina definitivamente. El hecho de manosear un cuadro siempre está en el borde de ser arruinado, de invalidarlo, entonces hay un jueguito de autodestrucción y a veces funciona eso. Entonces uno tiene que intentarlo otra vez. Uno cree que es un camino muerto, que tuvo sucesivos fracasos y después resulta que era el camino pero había que estar un poco más tranquilo, más distante. Eso pasa mucho porque la pintura es de maduración. No es como la poesía, la poesía es juvenil, tiene esa intensidad de los primeros años. De Rimbaud si se quiere. Hay mucha poesía joven buenísima y poetas que después son decadentes al poco tiempo. En cambio la pintura no es así, nunca hay una buena pintura juvenil. Todos los pintores maduran, deben madurar. Y encuentran su estilo, su forma de expresión con los años. La imagen es un punto siempre ahí que se mueve y la mirada del mismo pintor va cambiando también. Entonces eso es raro, la forma en que se mira y que el cuadro te mira.

¿Cómo te imaginas una pintura en contra del peronismo?

No se si hay posibilidades de estar en contra del peronismo. (Risas) En realidad, no se si hay una pintura peronista o no hay. Yo no creo que haya una pintura peronista. Hay pinturas que pueden abordar el tema del peronismo más o menos felizmente, ni creo tampoco en el arte político. Detesto todo lo que es el arte político, no me atrae para nada y mucho menos todo los códigos de la pintura de izquierda. Las multitudes con los brazos izquierdos y los puños alzados, todo eso me parece una pelotudez tremenda, una cosa penosa. La pintura operando políticamente. Desprecio el mundo del arte político en general. Y pensar en una pintura peronista me parece que es algo que no me parece pertinente, no me parece posible. No encuentro motivos para que haya una pintura peronista. Sí, representar algo. Son instancias de reflexión, pero nada más que eso. No creo que opere políticamente. No creo que sirva para nada. Es más, no creo que la pintura sirva para nada. Creo que si se mueren todos los pintores y desaparecen todas las pinturas no pasa nada. Los problemas sociales son los mismos. Y en cuanto a la pintura en sí misma, yo creo que es un poco gorila la pintura en sí. La idea de una mercancía cara para pocos. La exclusividad. La pintura siempre fue una mercancía de burgueses. Eso a mí no me molesta, eso es algo que se hace después con la imagen. Me interesa sí la producción de imagen, la producción pictórica en sí. Después que eso sea un fetiche de mercancía, es un tema aparte. Esa es la vida del objeto, por eso no hago política.

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¿Qué crees que perdió el peronismo con los años?

Y perdió muchas cosas. Perdió varias veces el rumbo. El peronismo se extravía con facilidad. El peronismo tiene una forma fallida de nunca ser entendido. Es un sistema humanista cristiano. Perón decía que el peronismo no pide sacrificios. Este cuadro detrás de mí habla de ese quilombo interno del peronismo, es la felicidad imposible. Hay mucha incomprensión en el peronismo. El peronismo se empioja mal, terminan matándose. El peronismo esta signado por esa operatividad en el vacío. Esta lleno de oscuridades, de gente bien y mal intencionada y todos terminan equivocándose. Perón siempre tenía esa cosa de la unidad, de la solidaridad, de las formas orgánicas articuladas y demás. Y todas esas cosas son las cosas que a veces faltan en el peronismo. Ahora estamos viviendo un poco un tiempo así. Es un dispositivo muy bravo el peronismo, como dispositivo político. Entonces esas articulaciones a veces se quiebran. Comprender cómo son las cosas, cuando uno dice la voluntad del pueblo, ¿Qué quiere decir? No quiere decir nada. Son lugares disponibles que establece el peronismo, ¿Si no cómo podes explicar a Menem? Empezando por los propios peronistas, no se sabe qué es el peronismo. Un peronista para ser peronista tiene que desconocer al pueblo absolutamente. Y esto también hay que decirlo, cada diez años el peronismo se empioja definitivamente. Entra en recesión y es la etapa de ahora, una etapa de vencimiento. Hay una reconversión. Lo que viene será algo distinto, esto entró en una crisis de crecimiento, es una especie de destino tal vez. El goce peronista tiene esa cuestión, uno no puede ser feliz siempre. La felicidad peronista es un instante. Es un poco de felicidad. El peronismo es un período de corto plazo, no vino a arreglar el mundo ni a entregar la felicidad permanente. Por eso es un refugio. Después la gente vuelve a votar el peronismo. Por esos ocho o diez años de peronismo son lindos, poder disfrutarlos un poco así. Pero es eso, porque sino sería una utopía realizada, siempre es una utopía en el pasado y adonde uno quiere volver y vuelve de distintas formas. Es un mundo de oportunidades el peronismo, en todo sentido. Por eso es un gran relato histórico darse una vuelta por el peronismo porque siempre tenés material para escribir o para pintar. Y tratemos de no maltratarlo tanto, porque hay momentos donde se lo maltrata mucho al peronismo y la verdad es que no sé si se lo merece.

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Esta entrada fue publicada en 22 octubre, 2013 por en Entrevista y etiquetada con , , , .

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