REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

El recuerdo de otros

Tapa

 

Por Pablo Milani

Días sin hambre
Delphine De Vigan
Anagrama
167 páginas

Días sin hambre trata sobre la frágil, pero predecible historia de Laure, una chica anoréxica de 19 años y 36 kilos internada en un hospital. Originalmente esta novela se publicó en 2001, bajo el seudónimo de Lou Delvig. Rápidamente, la novela escrita por Delphine de Vigan (Francia, 1966) cae en un espacio controlado en formato de diario por más de 100 páginas. El desenredo, los miedos y los monólogos sucesivos de esta joven transcurren de manera vacilante. El mundo de antes, postergado y senil, es “un abrazo que se asemeja al de la muerte”. El recuerdo de una madre incisiva al suicidio y la violencia permanente del hogar de su familia biológica hacen de Días de hambre una historia que se arrodilla en la compasión. Pero hay otra historia que atraviesa la novela, el constante miedo a caerse del todo sin saber que hay del otro lado. La lucha incesante por dos fuerzas represivas, una que se aferra  a “esa enfermedad como si fuese el único modo de existir” y la otra que busca “reanudar la vida donde la había dejado”. Esa proximidad del final la sufre desde un frío visceral y agobiante que es la línea que separa la historia entre lo posible y una promesa. Aunque desde lejos se pueda ver esa recuperación del todo, Delphine de Vigan opta por retorcer la historia sin dejar chances para el lector, encapsulándolo. Lo arrastra a recorrer los pasillos de ese hospital con raciones lúgubres y un silencio anestesiado. Si para la mente de Laure existe una forma de morir, la padece en cada noche, bajo la violencia de sus propias palabras. “La vida de antes no es más que un recuerdo anestesiado y la de después se susurra como una promesa imposible.” Es esa rabiosa ambigüedad que deja sin latidos concretos a Días sin hambre, la lucha en defensa propia de un cuerpo inmóvil, la cara desencajada, la piel transparente y un final difuso y lateral marcan el desarrollo de la novela. Los trastornos alimenticios en un hospital parisino de la planta 12 son también los mismos síntomas que comparte con los otros internados del edificio. Un refugio para contrarrestar el escenario de  esa desolación propia de una enfermedad que no deja de hostigarla. La búsqueda debe seguir la marcha del recuerdo de otros. El abandono del mundo encuentra inevitablemente, de todas formas, una historia que nunca termina de contarse para Laure y que sin embargo  es una luz de intimidad del pensamiento en su condensación emocional.  Días sin hambre,  finalmente se presenta como un diario que agoniza sus limitadas fuerzas y describe un mundo desgarrado a través de un cuerpo que no puede reposar del todo porque extraña la forma conocida del reposo. Inconcientemente desnuda el alma por el razonamiento imposible de seguir o no, a causa de su dificultad. Delphine de Vigan desangra una historia abatida por el sufrimiento pero que a la vez condiciona un lado feminista que no necesita ver, sino más bien, retroalimentarse de sí misma en un tiempo de asfixia y desidia.

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Esta entrada fue publicada en 28 octubre, 2013 por en Reseña y etiquetada con .

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