REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Patricia González López: “Busco reflejar la miseria humana”

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Por Pablo Milani / Fotos: Martín Bura

Tiene 27 años. Se recibió de Relaciones Públicas en la Universidad Nacional de la Matanza. Participó de un solo concurso de poesía a los 13 años y lo ganó. Realizó talleres de narrativa y poesía con Félix Bruzzone y Juan Diego Incardona. Participó en varias antologías y en Libro vivo, una exposición de la memoria que se realizó en el Centro Cultural Haroldo Conti. Lleva publicados los libros Indecible (Poesía, Milena Caserola, 2009), Dos de Azúcar (Narrativa, Milena Caserola, 2010) y su más reciente, Maldad: Cantidad necesaria (Poesía, Milena Caserola / Llanto de mudo, 2013) Actualmente trabaja en prensa política, cursa una maestría en Comunicación y Cultura y dicta clases en la misma Universidad en la que se recibió. Y anuncia: “A veces duermo”.

¿Para qué sirve la poesía?

A mí me salva la poesía y otros lo encuentran como un rincón. Encuentran la poesía en un blog y pueden anclar su dolor y olvidarse un poco. Que me digan: “Vos sabes que a partir de leer un texto tuyo me sentí mejor o pude entender lo que me había pasado con fulano”. Yo alucino. Me inspiro cuando leo poesía.

¿Qué encontraste en la poesía?

Es lo que me sale más natural. Yo empecé a escribir cosas a los 12 años. No sabía que estaba escribiendo poesía. Después quise “perfeccionarme”, entre comillas. En la poesía encuentro poder encontrar cosas en lugar de otras. Con las cosas que pasan a mí no me alcanza, es ahí donde entra la poesía, donde trato de reacomodar el mundo en lugar de un funcionamiento de otra cosa. Yo antes no podía usar ciertas palabras, celular por ejemplo, o las palabras relacionadas con la tecnología y después las empecé a apropiar. La corrección surgió a medida que iba sabiendo quién era.  La belleza pasa por la combinación.

¿Qué crees que refleja tu poesía?

Yo busco reflejar la miseria humana. Siempre busqué escribir situaciones. Donde veo que hay algo que no esta funcionando, que no está bien, una queja, una declaración. Asumir cierta obsesión, ciertas tristezas, ciertas cosas de uno, o que te enojan del otro. Y si te enojan del otro es porque las tenés vos también. Y jugar un poco con eso, con lo malo que tiene uno. Pero también mostrar cosas que se van al pasto de cómo nos comportamos. La forma de escribir, o de decir sin pelos en la lengua algo. Como que hay cosas que no se dicen.

¿Se puede escribir poesía siendo feliz?

Sí, se puede, pero escribís tonterías. Me siento más cómoda cuando tengo furia. Tal vez cuando estoy contenta escribo otras cosas, escribo cuentos. Con una moraleja de que hay esperanzas.

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¿Cuál es el recuerdo que persiste en tu memoria que lo podés plasmar en la poesía?

Tengo etapas, mucho la infancia. Las ausencias que están presentes. Son huellas que están toda la vida y que te condicionan con tu forma de trabajar, con los amigos que tenés, con las cosas que elegís y con lo que no elegís también. Yo creo que hablo mucho de la frustración amorosa, pero muestro más que eso. Esa forma de escribir muestra tus obsesiones, una cosa que no te podes curar, un miedo. Creo que la comparación, me parece que la comparación y el rechazo. El rechazo es algo que aparece y el abandono también. Cuando te vuelve a indignar algo volvés al dolor anterior, que es el dolor que puede ser el de la infancia. Yo le escribo mucho a los besos, a las manos, al abandono, a los miedosos, al destiempo, a la ambición. La Frase: “Quiero ser un Smartphone y tomar todo el mercado”,  del libro Maldad: cantidad necesaria, es ser un poco una Rompecorazones. Ser la mujer imposible ¿Para qué? Para que compren la imagen y expandirme, pero es también chicanearme a mí y querer llegar a todo el mundo, pero uno no puede llegar a todo el mundo y no debe llegar a todo el mundo.

¿Qué cosas te dan miedo?

El olvido. Yo de chiquita me imaginaba muerta y que nadie se iba a acordar de mí. Entonces lloraba. Una vez una periodista me dijo: “El mayor perdón es el olvido”. Querer ser una extensión del otro. Si hay una persona que te abandona y te olvida, yo pienso que es una manera de liberarte a vos también. A veces uno está en los pensamientos de la persona incorrecta y cargás con toda esa energía de esa persona que no te deja hacer tu vida porque hay alguien que te esta pensando.

¿Qué aprendiste de los hombres?

Cosas buenas en general, son sencillos, muy compañeros. El otro día hablaba con un escritor y me decía que el hombre se entrega más que la mujer. La mujer confiesa mucho y eso le quita su rasgo pasional. El hombre se entrega más a lo que siente que la mujer, porque la mujer está pensando todo el tiempo en el después. Pero al pensar tanto y al querer competir y a mirar tanto afuera no puede entregarse a la situación completamente, cosa que el hombre se entrega y cuando no le cabe más una relación se va. Esa capacidad de irse del hombre me gusta. El silencio como declaración del hombre es lo que más odio porque es ambiguo. Ese silencio le da más posibilidad de acción. Yo creo que ahí la mujer es más sincera con lo que le pasa. Con el silencio el hombre te dice: “Sacá tus propias conclusiones”. Piensan menos, no tienen tanta moral como nosotras.

Tu frase

El problema de la poligamia del otro y la monogamia de uno.
Otra, No reincidir.

 

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Esta entrada fue publicada en 30 octubre, 2013 por en Entrevista y etiquetada con .

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