REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Obra reunida

Tapa

Por Pablo Milani

La novela de la poesía
Tamara Kamenszain
Adriana Hidalgo
406 páginas

La poesía de Tamara Kamenszain (Buenos Aires, 1947) transcurre en un tiempo donde en cierta forma elude los conflictos vinculados a cualquier palabra que transita el libro. La novela de la poesía es fruto de su obra reunida en cuarenta años de escritura desde su debut, De este lado del Mediterráneo (1973) hasta La novela de la poesía  (2012). Este cúmulo de poesías y relatos recorre el paso del tiempo de la autora desde el recuerdo de sus ancestros y “saber que todo vuelve y vencerá a este irremediable principio a este final redondo de crónica literaria, a esta bóveda azul que es el cielo sobre las cabezas recordándome que todas las ventanas abren a un paisaje imprevisible”. La proximidad de su escritura desenvuelve disonancias hacia el borde de mundos cerrados que conviven como un todo. Kamenszain articula el orden de los materiales formando un peso decisivo en toda su obra. El ordenamiento tiene un significado que no es solamente narrativo, sino más bien, juega con la exclusión de un mundo donde la poesía intenta penetrar en consecuencia. La emergencia en su poesía tiene que ver con el lugar que algunas preocupaciones deja de lado  y acerca al lector casi brutalmente a poner en relación ambas superficies discursivas. Abundan los ejemplos de pérdida y revisión a un pasado que no es tal. Los objetos son a la vez inaccesibles y perfectos, terminados como un barco en una botella, porque en ese fluir detenido que es el presente, no se puede abstraer para nombrar. Cada movimiento explícito en La novela de la poesía es representado en varias perspectivas al que sólo la invención del lenguaje se empeña en atribuir un nombre que lo designe como unidad, de una vez y para siempre. La escritura de Kamenszain tiene en estado práctico una teoría sobre la materialidad del mundo y las posibilidades de percibir y representar el movimiento, la luz sobre las cosas y, sobre todo, los cambios o la estabilidad del tiempo. Es por eso que siempre la composición de su poesía es también una manera de desatar ese nudo donde las formas de percepción, el tiempo y el espacio se traman como problema central. “Desde que se pegó el otoño a las calles húmedas de esta ciudad reconocible a través de los tangos, vuelvo a preguntarme por las primeras alegrías, por las imágenes que llenaron una pupila aún no acostumbrada a la luz por los primeros contactos de la lengua con la solidez del mundo. Vuelvo a preguntarme por el sentido de todo lo que mágicamente existe hace veinticinco años desenvolviéndose con la naturalidad con que se pela una naranja y entiendo que cuanto más se quiera saber menos se sabrá porque están cerrados los caminos que descienden del árbol a la raíz.” Su naturalidad descriptiva se tensa en esta exhibición de su poética. La novela de la poesía desarrolla un modo de sentir para ver qué hubo en ese pasado que seguramente no ocultó pero tampoco contradijo. Kamenszain se acopla en tiempo real a su obra sabiendo desde un comienzo que el fin son “ruidos que se duermen”. Porque poesía es sinónimo de esperanza.

 

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Esta entrada fue publicada en 11 noviembre, 2013 por en Reseña y etiquetada con .

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