REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

La vida como una compleja partitura

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Los años de peregrinación del chico sin color
Haruki Murakami
Tusquets, 2013
314 páginas

Por Gema Palma Moreira

A los 12 años leí mi primera partitura. Intenté aprender a tocar la guitarra y la flauta traversa. En realidad, yo quería tocar el piano o el violín, pero mis dedos, además de ser muy cortos, no eran tan ágiles para interpretar lo que leía en las partituras. En fin, no aprendí a tocar ni los instrumentos que quería, ni los que no. En Los años de peregrinación del chico sin color (Tusquets, 2013) de Haruki Murakami, leí: “La vida es como una compleja partitura, leerla correctamente es una tarea ardua y, aunque uno lo consiga, no siempre la interpreta de la manera correcta ni la valora en su justa medida. No siempre hace felices a las personas ¿Por qué vivimos de una manera tan enrevesada?”, y me pregunto si cuando Friedrich Nietzsche dijo que no existen hechos sino interpretaciones, se refería -entre otras cosas- a que la vida es una partitura que no siempre logramos interpretar, que a veces creemos que lo hemos logrado pero que solo desde afuera se escucha la verdadera calidad de nuestra interpretación.

Haruki Murakami parece estar más allá de los géneros; teje sus redes literarias entre recuerdos, anhelos y presencias reales e imaginarias que van y vienen, y se hacen visibles, con el fin de enternecernos. Maneja perfectamente la dosificación emocional. En Los años de peregrinación del chico sin color escribe sobre un personaje al que le resulta difícil mantener el equilibrio entre sí mismo y el mundo que lo rodea, que su fijación con la muerte hace que necesite encontrarla cuando siente que no tiene un lugar en el mundo: “Tsukuru Tazaki no tiene ningún lugar concreto o especial al que ir. No tiene un lugar adonde ir o al que regresar. Nunca lo había tenido, y ahora tampoco”. Está preso en un profundo hastío, nunca se ha enamorado perdidamente. Jamás ha suspirado por nadie ni ha sentido envidia de otros. Teme necesitar algo más que a ninguna otra cosa en el mundo, alguien que se vuelva imprescindible para él. Una herida que luego de muchos años aún permanece en su cabeza y en su corazón le impide querer entablar relaciones profundas con los demás, por lo que prefiere guardar distancia. Todo en su vida destila un olor a nostalgia: “Siente lo superficial e insustancial que puede llegar a ser su propia existencia, pero trata de averiguar su valía e intenta hacerse creer que por muy superficial y monótona que sea la vida que lo espera, merece la pena vivirla”.

Por esa mezcla de amor frustrado, respeto y admiración que le tengo a la música, detuve mi lectura para escuchar “Le mal du pays”, de Franz Liszt, un solo para piano que a mi parecer resume todo lo que escribe Murakami: “Quiere decir nostalgia o melancolía por la tierra de uno, pero también, para algunos, es la tristeza, sin razón aparente, que la contemplación de un paisaje bucólico despierta en el alma”. ¿En serio puede “Le mal du pays” en 6 minutos expresar todo lo que Murakami escribe en Los años de peregrinación del chico sin color? Sí, absolutamente.

La música el poder de generar introspección. Quizás por eso no todos tenemos el don de interpretarla a la perfección, o quizás todo depende del momento en que interpretamos, escuchamos, leemos o vivimos. La perfección radica en el punto de vista. Además, si todos fuéramos buenos intérpretes de la vida no podríamos contemplar el propio sufrimiento convertido en otro, en un libro, en la interpretación de una partitura de Liszt. Hay cosas que bajo ningún concepto pueden salir de uno mismo, pero la música te permite distanciarte del cuerpo y pensar libremente, como creo que diría Platón, salir de las jaulas que te limitan, romper las cadenas y simplemente darle alas a la mente. Porque en la vida siempre hay cosas demasiado complicadas para explicarlas. No solo a los demás sino también a uno mismo, pero la música siempre te permiten ser libre y poco importa la interpretación que cada uno le dé.

Los años de peregrinación del chico sin color nos muestra algo que todos sabemos pero que adoramos que nos lo repitan: el valor que tiene la voluntad humana para interpretar -o al menos intentarlo- todo lo que nos va dando la vida. Y Haruki Murakami, además de mantenernos entre la melancolía y la empatía nos muestra que todas las historias tienen esa música que le coincide a la perfección.

 

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Esta entrada fue publicada en 28 noviembre, 2013 por en Reseña y etiquetada con , .

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