REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Las estatuas de cera de Madame Moreno

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Por Nicolás Mavrakis

Hay algo inevitablemente melancólico en una recolección de artículos publicados antes en otros lados. Algo que no tiene tanto que ver estrictamente con el tiempo –porque los buenos artículos resisten el tiempo veloz del periodismo– sino con la forma. Aquello que hace que un artículo periodístico funcione con un sentido acabado de la argumentación, trasladado sin demoras a un libro de ensayos, a veces puede resultar, si no insuficiente, al menos ligeramente introductorio. Subrayados. Leer hasta que la muerte nos separe (Mardulce, 2013) es una serie de artículos sobre literatura, opinión y actualidad cultural —por darle un nombre al aire de los asuntos variados de los que puede dar cuenta un articulista en un medio periodístico— en los que María Moreno parece más cómoda en el autorretrato de su propio paso por “el salón social”, con una voz que sin dudas homenajea la de Lucio Mansilla, uno de sus autores más leídos, subrayados y citados, que en sentar posiciones –”editorializando”, como dicen los periodistas– sobre los más diversos temas (que pueden ir desde el feminismo de la igualdad y el psicoanálisis hasta el sistema de clases).

Es a través de ese uso estratégico del lenguaje, en el que Moreno combina con destreza erudición y anécdota, “nota de color” y memoria personal, donde Subrayados encuentra su tenor más favorable. Un registro no tanto del ensayo entendido como género para la proposición y argumentación de ideas –aunque las hay, como cuando compara los vínculos posibles entre las obras de Rodolfo Walsh y Manuel Puig– sino más bien lo ensayístico como posibilidad de un registro literato (antes que literario) del yo.

“En el principio la literatura me llega resumida, adaptada y traducida a través de las voces del radioteatro”, escribe Moreno al recordar el modo en que se vinculó en la infancia con los grandes clásicos de la literatura. En tal caso, podría decirse que así como las voces radiofónicas aligeraban necesariamente, nada más que por su propia naturaleza auditiva, la solemnidad realista o romántica de autores que pensaban para el papel, como Dickens y Emily Brontë, Subrayados propone un tipo parecido de aproximación a la experiencia de su autora, bailando una y otra vez ya no al compás de la radio sino de las posibilidades del periodismo gráfico.

A pesar de la buena voluntad de Moreno, el resultado final del libro no es distinto que el de cualquier frío compilado de artículos periodísticos. Algo semejante a lo que el turista se pregunta ante las estatuas de cera de Madame Tussaud, ¿dónde estará, qué estará haciendo el verdadero personaje?

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Esta entrada fue publicada en 8 diciembre, 2013 por en Reseña y etiquetada con .

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