REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Entrevista a Hinde Pomeraniec

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“Yo era la amiga judía de Canal 7 y la amiga judía de Clarín.”

Por Redacción de Revista Damasco

Para cerrar el año, en Revista Damasco decidimos hacerle una entrevista colectiva a Hinde Pomeraniec, autora de Katrina, el imperio al desnudo; Rusos, postales de la era de Putin; y Blackie, una mujer arrolladora. Hablamos de su paso por Clarín, por Canal 7, del periodismo y del mundo editorial. Esto fue lo que charlamos con Hinde, Nicolás Mavrakis, Flora Vronsky, María Victoria Moreno, Pablo Milani, Guillermo Tangelson, Gema Palma Moreria, Sebastián Rodríguez Mora, Marcelo Larrocca Ruiz y Juan Terranova.

Me parece interesante observar que en tu carrera hay como un vértice que es básicamente el cambio. Primero estar en la sección Cultura, después en Internacionales, ahora en una editorial. ¿Cómo fueron estos saltos?

Entré a estudiar Letras y me recibí dando la última materia con Beatriz Sarlo, que fue algo muy importante en mi vida. En ese momento yo tenía 24 años y me dediqué a eso; supuestamente todo indicaba que debería estar en la cátedra de Sarlo. Yo había sido discípula de ella en diferentes cursos, no durante la dictadura sino recién salidos de ahí. Yo empiezo a ser alumna de ella en la Universidad y al mismo tiempo a trabajar con ella en su oficina del centro. Y todo indicaba que yo tenía que tener una carrera académica, o por lo menos una continuidad de carrera académica que no se dio porque me dediqué a mi hijo. Cuando mi primer hijo tiene 3 años entro a la cátedra de Nicolás Rosa. O sea, lo que no hice con Beatriz lo hice con Nicolás Rosa, él también había sido mi profesor en la Universidad. Entonces, tuve una carrera académica que duró realmente poco. Cuando por una nota en el diario me pagaban más que durante todo el mes en la Facultad, se terminó mi carrera académica porque me convenía efectivamente entregar más notas y ganar más. Para ese entonces ya estaba separada y tenía que parar la olla. Ahí empieza mi carrera periodística. Es decir, mi carrera periodística arranca casi en simultáneo con la de la facultad.

¿Cuál fue la primera nota que publicaste?

La primer nota que publiqué fue la reseña del libro en que se basó Rain Man. Octubre de 1989, en el suplemento de Cultura y Nación que dirigía Ricardo Kunis.

…donde después terminaste siendo editora.

Así es.

¿Nos podrías contar cómo fue el proceso desde hacer una colaboración hasta ser editora de ese suplemento?

Fueron ocho años como editora de ese suplemento y diez en total porque después pasé a ser editora de la columna de cultura diaria. Lo interesante es que la primer persona que me lleva a publicar mi primer nota es Telma Luzzani, que era mi jefa de trabajos prácticos en la cátedra de Nicolás Rosa. Telma era periodista de Internacionales en Clarín y había hecho un proceso similar. Había hecho Cultura en Tiempo Argentino (en el viejo Tiempo) y cuando cerró ese diario ella pasó a Clarín, donde hacía Política Internacional. Y ahí se arma una suplencia. Para mí, Telma fue completamente iluminadora porque tiene que ver con mi entrada en el diario, sin dudas. Muchas veces es un amigo, un compañero o un jefe tuyo el que te hace la entrada y después vos tenés tu propio desarrollo, pero siempre hay alguien que te da una mano. A veces es un desconocido. En este caso, ella que hacía Internacionales, se había ido hacer una suplencia al Cultural, y fue ahí que me presentó a Kunis que me dio mi primer libro por recomendación de ella. Después yo seguí, esto fue octubre de 1989. En diciembre de 1990 yo estaba haciendo una suplencia de verano en el diario. Durante todo ese año yo llevaba notas, notas y notas. Empecé a meter notas en distintas secciones. Ahí esta la primera entrevista que yo le hice a María Elena Walsh, que se la hice para ese suplemento. Siempre me gustó la cosa más de divulgación y sin fronteras. Después de esa suplencia de verano me quedo editando en Espectáculos.

¿Y trabajabas en la redacción o freelance?

Durante un año trabajé freelance. Después de un tiempo ya me conocían todos porque metía notas en todos lados. Me acuerdo que también hice una guardia durante el secuestro de Macri. Claro, porque te llamaban y te preguntaban “¿estás libre?” y uno necesitaba laburar, entonces hacías de todo. En ese momento el diario era esplendoroso en términos de lo que ofrecía, en la cantidad de páginas, era muy importante. Si entrabas, te habías ganado la grande. Y sabías que si te lo proponías podías quedar. Estaba esto de “¿podés tal cosa?”: sí, puedo.

No era todavía la época más explotadora del menemismo en esa cosa completamente apabullante. Lo que había ahí más que nada era que uno se forjaba una carrera en el periodismo. Por eso digo, esta disposición constante o la idea de versatilidad. No escuchabas gente que dijera “no, yo eso no lo hago”, eso no ocurría. Después lo vi como editora: becarios propios que me decían “no puedo” y vos no entendías nada, porque uno se había matado para conseguir lo que te ofrecían cuando empezabas.

Entonces, cuando entré a Espectáculos, estuve un tiempo. En ese momento el suplemento Cultural de Clarín lo dirigía Jorge Halperín, el editor de ficción era Marcelo Pichón Riviere y el primer editor de no ficción era Guillermo Saavedra. Cuando Saavedra se va, yo seguía colaborando mucho con el Suplemento Cultural y ahí Halperín me propuso entrar como editora de no ficción al Suplemento de Cultura y Nación, donde estuve ocho años. En aquel momento tuvimos una becarias extraordinarias, cuando el trato con el diario era con la UCA. No era imposible entrar como colaborador y finalmente quedar en el diario. Era un diario muy grande y era muy posible hacer una carrera. Hoy esta mucho más limitado eso.

¿Decís que hay menos gente en el diario hoy?

Sí, claro. El diario hoy esta súper reducido. Tiene muchas menos páginas y también hay una división entre el papel y la edición digital. Ahora van a juntar las redacciones como sucedía originalmente. Yo fui una de las primeras editoras del digital también. Ahora claramente no tiene sentido tener dos redacciones porque todos tienen que trabajar para todo, mientras exista el papel.

¿Y cómo pasaste de Cultura a Internacionales?

Un día llegué al diario, me llamó el que entonces era mi jefe y me dijo “va a haber cambios”. Y yo, como era editora de la sección, me imaginaba de qué hablaba: algunos íbamos a cambiar de sección. Yo venía de una agenda sólida de muchos años, de la facultad y de estar muchos años en el diario. “¿¡Cómo voy a cambiar de sección yo?!”, pensé. En Espectáculos estaba muy feliz (por ejemplo, viajando a entrevistar a Clint Eastwood). Entonces, deciden que sea la editora de Cultura en la página diaria, que era un amasijo porque hacía desde Lady Di a lo que surgiera. Entonces, era una editora de sociedad que además tenía la especialidad en arte y cultura.

Como les decía, mi jefe me dice que iba a cambiar de sección, que me iba a Internacionales. “¡Yo no sé nada de Internacionales!” y lloré de manera escandalosa, me fui al baño a encerrarme y me venían a consolar. No era una degradación, no, yo no lo sentía así. No era que de repente me mandaban a un suplemento menor.

Decía que en ese momento me había pasado lo de Maradona, “me cortaron las piernas, me cortaron la agenda”. Y yo era grande, además.

En general, es bastante deficitaria la inserción del periodismo argentino en el mundo. Es una relación medio rara, estamos muy lejos de muchos lugares. Buenos Aires es un lugar muy central en la región. Se cuenta mucho lo que pasa en Buenos Aires y en la región… es como que hacer periodismo de Internacionales es hacer un periodismo totalmente diferente donde la Argentina no es especialista, podríamos decir.

Sí, de todos modos Clarín había tenido grandes especialistas en periodismo internacional. Hoy es una sección muy chica donde quedó muy poca gente. Clarín llegó a tener gente muy importante también en esa sección.

Quizás lo que se podría decir es que es un periodismo muy especializado.

Sí, y es un periodismo de lectores. Lo cual no te pasaba en cualquier parte del diario. Yo había entrado en un diario donde se podía crecer pero había jefes que no voy a nombrar que te decían “otra más de Letras”. Pero yo, sin necesidad alguna, siempre actué como una sobreviviente. A algunos cambios los busqué yo, como forma de reinventarme y empezar de cero, es como mi defecto-virtud. Cuando me dijeron que iba a pasar a Internacionales, dije “me estás matando, pero te voy a matar”. Lloré como loca pero al día siguiente me recibieron muy bien, me hicieron una recepción impresionante todos y Marcelo Cantelmi -que fue mi jefe durante 10 años- me había pedido dos veces de ir a trabajar con él. A los pocos días me tocó hacer el panorama de la sección, y yo venía de hacer panorama en la sección sociedad, siempre fui una lectora de todo lo que tiene que ver con revistas de interés general y demás, pero hacer un panorama de Política Internacional significaba jerarquizar la información en un área que para mí había sido desconocida en términos prácticos. Esto fue en el año 2001-02. Cuando pasa de las Torres Gemelas, considero que lo que hizo Clarín sobre ese episodio fue extraordinario. Yo estaba en Sociedad y Cantelmi pide que vaya a Internacionales.

Eso es algo que hacen mucho los editores, por ejemplo cuando hay elecciones, los editores eligen. Aquella vez eligió a gente para trabajar en Internacionales en la cobertura y a mí me había elegido.

Clarín en esa época tenía una práctica en todas las secciones realmente extraordinaria. Lo ves aún hoy, lo tienen en la cabeza, es la práctica. Así que yo ya había trabajado con ellos, había viajado a China y había escrito algo sobre la Revolución china, o sea, yo ya había hecho mis aportes para Internacionales. Entonces, creo que cuando por algún motivo se generó mi movimiento; “¿a dónde va?”, a Internacionales.

A mí esta gente me generaba mucha admiración. Era la época de oro de Oscar Cardoso, había gente muy importante, tipos que escribían muy bien. Entonces ahí me dije “acá, la que está en déficit, soy yo”, lo cual no está mal. O sea, me toca aprender a mí, acá hay muchos tipos muy buenos. No tengo bestias que se burlan de mi formación, sino tipos de los cuales aprender, y eso es algo que yo busco siempre. Adoro los jefes de los que se puede aprender, y Marcelo Cantelmi fue eso.

¿Qué fue lo primero que leíste, lo primero que hiciste para la sección?

Cuando hice mi primer panorama y lo hice bien, ahí me di cuanta de que yo como lectora podía jerarquizar la información solamente sabiendo en qué sitios meterme. Ojo que yo empecé en Internacionales con Internet en la cabeza, que no es lo mismo. No sé qué hubiera sido de mí sin eso. Al saber estudiar, leer, editar y teniendo Google a mano, teniendo los sitios y leyendo inglés y francés, es otra cosa. Porque esa es otra cuestión, la lengua es una limitación muy grande. Lo que necesitas es por lo menos leer.

¿Cuál de los acontecimientos internacionales te generó más temor a la hora de cubrirlo?

Lo que pasa es que que ahí está mi locura; cuanto más miedo me da me subo al colectivo igual. Cuando fue lo de Katrina y vino Ricardo Kirschbaum a preguntar quién tenía visa, todos se hicieron los boludos y yo fui la única que levantó la mano. Y todos tenían visa para ir a EEUU. Lo que pasa es que ni les interesaba ir a cubrir un huracán, y como yo venía de una cosa mucho más de Información General y siempre me interesó –como dice mi marido: “nada de lo que es humano me es ajeno”- los demás estaban acostumbrados a tener la cabeza más de Política Internacional, en cambio a mí siempre lo que me gustó fue la idea de generar una mirada cultural sobre un fenómeno político social. Y después que hice ese panorama que les conté, lo primero que me pidieron fue una nota de Gustavo Sierra, que por ese entonces editaba. Vino sabiendo que yo estaba muy golpeada porque tenía que empezar de cero. Y me dijo: “esta nota es buena para que la escribas vos”. Y era una nota sobre una mujer paquistaní a la que le habían destrozado la cara con ácido. Y tenía razón, era una nota para mí. Digamos que ahí se empezó a perfilar también el tipo de periodismo que yo quería hacer en Internacionales. Con notas que tuvieran que ver con temas de género, con temas de minorías, con causas. Después durante un tiempo me agarró la misión agua en el mundo, tuve como varios períodos así, ¿no? Mi marido lo llama el síndrome Bolivia, estoy con Bolivia y te voy hablar de Bolivia hasta morir. Pero el momento más difícil fue el Katrina. En realidad después que dije que tenía visa, en 6 horas estaba en el Aeropuerto. Me tomé un avión y cuando me bajé en Atlanta –que era hasta donde había pasajes- recién ahí yo tenía que ir para el lado de Nueva Orleans. Entonces me tenía que ir tomando aviones o lo que fuera para acercarme.

¿Y hasta dónde llegaste en avión?

En realidad fui a un lugar muy chiquito que era un aeropuerto militar. Ahí me alquilé un auto por la ruta y Paula Lugones por celular desde la redacción me indicaba con mapa por donde tenía que ir. Paula desde la redacción me hacía de GPS y yo me paraba y lloraba y decía: “¡qué carajo hago acá!”. Porque mientras yo iba con el auto, supuestamente el huracán ya había pasado. Igual tuve dos tormentas más mientras manejaba. Entonces había uno que me saludaba desde el tractor con un jardinero de jean, en el medio de la nada. Pero este laburo tiene eso, te entusiasmás muy rápido. En cuanto llegué a Alabama y vi las familias negras… Yo iba mirando y escribiendo. Tengo montones de anécdotas con los viajes y lo bueno es que uno va escribiendo con los ojos. Eso es algo muy alucinante. Viste que los psiconoalistas escuchan, bueno, nosotros miramos. Por eso yo nunca me enganché con sacar muchas fotos en los viajes. Eso se los dejo a los fotógrafos que trabajan así. Yo trabajo viendo y escuchando, pero si me pongo con la cámara me pierdo.

¿Cómo surge tu interés por Rusia?

Surge por un tema familiar. Para mí es muy familiar todo lo que tiene que ver con Rusia o la U.R.S.S. Viniendo mis abuelos de esa zona y con un viejo comunista… En mi casa se leían novedades de la U.R.S.S., se veían todas las películas que tenían que ver con el cine Cosmos. Soy una buena chica judía comunista por mi generación, muy formada por todo eso y con lo que vino después, el cine polaco que previo a la caída de la U.R.S.S. ya peleaba por el poder soviético. Yo creo que lo que me pasó, para ser franca, es que era ahí por donde yo más fácil podía entrar en Política Internacional, es decir, Latinoamérica un poco y Europa del Este como lo más familiar. Y la figura de Putin que era muy atractiva para mí. Y creo que no me equivoqué, porque aún hoy sigue siendo un jugador infinitamente más importante en este momento, ¿no?

¿Qué barreras culturales creés que existen entre la Rusia actual y Occidente?

El idioma, porque ellos son absolutamente reacios a hablar en otra lengua. Te encontrás con muy poca gente predispuesta, algunos chicos jóvenes, y no todos. Es más, el otro día estaba leyendo un proyecto para prohibir las cosas en inglés, algo bastante delirante. Francia siempre tuvo una herencia cultural muy grande, en cambio Rusia, que tiene una pata acá y la otra allá, son Europa y Asia, están mucho más alejados. En ese sentido te digo que la lengua sigue siendo una barrera muy importante. Usan otro alfabeto además, que es el cirílico, muy complicado. Además a nosotros como occidentales, como distantes, nos cuesta entender algunas cosas que para ellos son culturalmente como principios. Pasa algo parecido a los chinos y tiene que ver con lo colectivo. El uno y el muchos. Lo que significa un solo individuo en el medio de esa inmensidad. Nosotros como occidentales, aunque no siempre lo hacemos, por lo menos lo repetimos: una muerte es tan importante como 500 muertes. Lo decimos, por lo menos lo enunciamos. Ellos no lo enuncian. ¿Y sabés donde lo ves? En la cuestión urbana, en esa inmensidad. ¿Qué es uno ante esa inmensidad? Esas tremendas plazas, esas tremendas avenidas. La inmensidad está en el proyecto, está en la Nación, en distintos conceptos. Pero uno es un sujeto más. De ninguna manera voy a justificar que maten a cientos de rehenes o que mueran 400 niños en la escuela de Beslán, pero lo que estoy diciendo es que para ellos es mucho más importante vencer al terrorista que los 400 pibes que se mueren, es otra cabeza y eso nos diferencia muchísimo. No casualmente con esa idea de la inmensidad y lo colectivo las sociedades comunistas se dieron ahí. Son como dos tipos de conciencia muy marcada por cierto grado de esclavitud al poder y por cierto grado de sumisión al poder y hacia el proyecto del poder. Yo lo que intenté cuando hice las coberturas es mostrar todo eso como contradicción, me pone tan nerviosa lo que hace Putin como los que lo cuestionan sin evaluar exactamente las condiciones por las que esa gente actúa. Porque me parece que hablamos muy fácil todos y hay que entender lo que se jugaba ahí y por qué este tipo va para quince años consecutivos en el poder, sin vía de que alguien lo reemplace.

¿Leíste Limonov?

Sí, leí todo de Carrère, adoro Carrère. Este año recién me convertí en una fanática. Me gusta mucho el tratamiento que hace de los hechos reales, por empezar. Me encanta cómo entra en primera persona, cómo trabaja la perspectiva narrativa, la crónica, me gusta como cronista. Para mí es tanto novela como crónica lo que él hace, me parece fabuloso. De vidas ajenas me parece extraordinario, de Limonov él toma a un personaje decadente. Si yo hubiera sido su editora, le hubiera pedido que lo comprimiera un poco, me parece que tiene algunas mesetas en las que decae el interés, y lo bueno de Carrère es justamente cuando te tiene muy atenta a lo que pasa. En los otros no te pasa.

¿Cómo fue trabajar en Canal 7 y en Clarín al mismo tiempo?

En realidad los primeros años fueron buenos. No hubo ninguna tensión. Al principio yo era la amiga judía de Canal 7 y la amiga judía de Clarín. No me pegaban ni de un lado ni del otro, pero tenía que soportar cosas espantosas y principalmente tenía que soportar cosas en el canal mirando programas como 678, que para mí fue intolerable desde el primer momento. La lapidación pública de colegas nunca estuvo en mi horizonte, ni personal ni profesional. Estar en el mismo lugar donde nuestro programa hace unos años antes, en palabras de la directora del canal, había sido la nave insignia. De pronto pasó a ser la nave insignia un programa como 678, que para mí es la miserabilidad constructiva. Y mi salida se dio con tres meses de diferencia en los tres lugares. Cuando me fui de Clarín, mis compañeros ya sabían que me iba ir de Canal 7 y me venían pidiendo que me quedara. No me echaron de ninguno de los dos lugares. En ninguno de los lugares recibí presiones, es más, Tristán Bauer me pidió que me quedara. O sea, no tuve ese tipo de presiones, pero empecé a establecer yo algunas diferencias. La ventaja que tiene un periodista de gráfica es que firma lo que quiere. Eso de que obligan a firmar es mentira. A nadie lo obligan a firmar. Podés estar obligado a escribir porque es tu laburo, pero firmás lo que vos querés. En la televisión o en la radio es más difícil porque si de pronto el medio en el que estás trabajando tiene una determinada línea, ahí el que pone la cara o la palabra oral sos vos, entonces eso es más complicado. Aparte, cuando hay cambios, cada uno viene con su librito, y los empleados de Canal 7 te miran como diciendo… Porque ya todos conocen eso. En general, siempre me moví con absoluta libertad, por ejemplo, nombrando al Presidente y a la Presidenta cuando yo lo consideraba en términos de Política Exterior.

Me acuerdo que recomendaban libros también. Si hoy tenés que señalar un programa de televisión, cualquiera en el que recomienden libros, no encuentro. Me llama mucho la atención.

Lo que pasa que cuando hablábamos de qué hacer, la verdad que Pedro y yo pensábamos en recomendar libros desde el primer momento. Pedro y yo fuimos los originales. Si vos me ves en Twitter, recomiendo libros todo el tiempo. Si a mí me preguntás qué me gustaría tener es un programa de recomendación de libros.

¿Cómo es el paso de salir del papel a ponerse detrás de una cámara?

Ahí también hubo una necesidad económica. Como lo fue empezar hacer periodismo, también fue una necesidad económica la de hacer televisión. Mi mamá estaba muy enferma y yo ya no podía mantenerla, no me alcanzaba. Y empecé a buscar distintos laburos. Empecé a hacer trabajos para informes del PNUD desde los más aburridos. Era la necesidad de tener una cosa extra. Yo ya había hecho varios años de radio. Y en ese momento me llaman para hacer un programa con Rulo de la Torre, Pablo Feldman que es de Rosario12 y Mauro Federico. Se llamaba La Quinta Pata. Era un programa que iba los domingos a la noche y también de lo que me interesa a mí porque tenías Política, tenías Sociedad, Salud Pública, Cultura, lo que fuera. La idea era hacer como una mesa de debate periodístico y con esta idea de que éramos periodistas de la gráfica que veníamos a la radio. Era un equipo hermoso que duró muy poco, sólo 5 semanas nada más. Y se infirió que el programa fue levantado porque habíamos tocado los intereses de Romero en Salta por un informe sobre el desmonte, y en esa época Kirchner era muy susceptible a esas cosas de los gobernadores. Estas cosas que se dicen con respecto a la libertad para trabajar. La libertad o la independencia, en una profesión como el periodismo, es una categoría filosófica que uno trata de atender de la manera más honesta e intelectualmente posible para cada uno de nosotros. Pero los intereses existen siempre, Clarín o La Nación, o quien sea, va a decir hasta acá se llega, del mismo modo que Canal 7 o Página 12 van a marcar el límite. Desde que yo salí de Clarín y que escribo en todos los medios, en el único lugar que no me publicaron una nota fue en Tiempo Argentino. En todos los demás me publicaron en donde yo escribí. Cada medio tiene su orientación y su manera de recortar la realidad. Lo que no es cierto es que lo hace uno y el otro no lo hace, lo hacen todos. Unos se sentirán más cómodos con unos que con otros. Uno es profesional y sabe. Cuando yo entré a Clarín no se podía hablar del aborto y hoy Clarín está a full con el aborto, antes no lo podías ni mencionar. Te podían echar del diario si decías algo así. Uno siempre conoce los límites. Es muy difícil que con compañeros buena leche no tengas dimensión de por dónde uno debería andar. Por eso es interesante cuando uno está más tiempo en un lugar, tratar de tensar esos límites. No tiene que ver que un día vino Magneto y dijo: ¡bueno, ahora se puede hablar del aborto, eh! No, no fue así. Y tiene que ver con la manera en que uno escribe, si vos escribís bien, si vos te preocupás tanto por la escritura como por la información –cosa que no siempre ocurre- se empiezan a generar como otras cosas. Porque vas colando los temas de una manera, no sé cómo explicarlo, se va dando eso. Sale naturalmente así.

¿Y tu entrada a Norma fue también una decisión económica?

Eso tuvo que ver con varias cuestiones. En primer lugar, mi marido trabajaba en Clarín todavía. Ya la posada de los periodistas de Clarín era bastante manifiesta. No contra mí, porque yo era la amiga judía que estaba en Canal 7 entonces “Pobre, tiene que trabajar en Clarín porque tiene un sueldo, pero donde se siente libre es en Canal 7”. Pero al mismo tiempo era muy difícil de sostenerlo en mi casa por mis hijos, porque era caminar por la calle y que te preguntaran “Mami ¿Por qué ustedes trabajan en un lugar que miente?”, y justo en ese momento se dio que me llamaron de una editorial, después no se dio. Y pensé, bueno, si a los 40 terminé en una sección para empezar en una nueva, cerca de los 50 me gustaba pensar en la alternativa de hacer algo dentro del mundo del libro que me faltaba hacer. O sea, yo había hecho crítica literaria, había sido la editora del suplemento cultural, había enseñado literatura, había escrito libros, había cubierto cientos de Ferias del libro. ¿Qué me faltaba? Estar en la industria, adentro.

¿Y qué te significó que sea infantil?

No, ese es otro tema. Yo entré a Norma dirigiendo Norma Argentina. Era una editorial que publicaba todo: adultos, ficción, no ficción, había gerencia, interés general, autoayuda. Es una casa de origen colombiano que tiene casas en distintos lugares de Latinoamérica, también en España. Y bueno, fue una decisión económica por la cual se fueron cerrando líneas y quedó infantil, juvenil y gerencia. Cuando decidieron desinvertir en esas líneas, que era el momento donde se suponía que yo me quedaba sin trabajo, me llamaron a Colombia y me ofrecieron quedarme con la decisión global para toda Latinoamérica para infantil y juvenil. Y ahí había que empezar otra vez de cero, refundarme otra vez. Y ponerme a estudiar de nuevo. Así que sí, me vida es eso.

¿Qué se prioriza en Norma para la formación del catálogo?

La calidad. La verdad que Norma en lo que se refiere a infantil y juvenil tiene un catálogo extraordinario. En la mayoría de los países estamos segundos detrás de Alfaguara, por una cuestión básicamente de posibilidades en el mercado. Alfaguara es muy grande. Tiene además muchas más chances dentro de las librerías, sobre todo ahora que Norma quedó afuera con las otras líneas. Hay algo de push con el librero de espacio y todo eso. No es lo mismo tener todo el catálogo que ir a pelear sólo con literatura infantil y juvenil

¿Qué impronta le querés dar?

Con total honestidad, cuando me dejaron sola con infantil y juvenil también me puse a estudiar, al igual que cuando empecé en Internacionales. Me parece que si hay algo que yo puedo hacer es que sé gestionar. Es una palabra del mundo empresario pero me gusta rodearme de los que más saben. Y nunca me preocupó decir, yo eso no lo se. Y entonces trato de seguir aprendiendo y hasta el día de hoy, tres años y pico que llevo en la editorial. Y en este tiempo el catálogo me los súper conozco, los libros para mí son literatura. Yo creo que si hay una impronta que le estoy dando tiene que ver con la comunicación que hay entre los países que antes no había. Ahora yo trabajo mucho para que se conozcan primero los equipos y a partir de ahí se vengan a ver unos a otros. Entonces no voy y les digo lleven a tal. Como que haya una cosa más de interacción y sinergia. Me parece que esa es la marca principal.

¿Cómo ves el avance del e-book?

La verdad que me pasa lo mismo que me pasa con todo. En vez de ponerme a decir, tremendo lo del e-book, si fuese por mí ya tendría editado todo en e-book. Tal esa sí que ya estoy publicando sólo en e-book. Antes se publicaba primero en papel y después en e-book. Ahora creo que va hacer al revés, primero en e-book y luego al papel. Lo vamos a querer tener en la biblioteca. Con honestidad, si uno mira lo que tiene en la biblioteca o tuvo a lo largo de los años, no lo necesita. De hecho uno a veces tiene libros que uno necesitó cuando estaba trabajando pero que podría prescindir de ellos. Si uno piensa en ese libro que quiere conservar o que va a volver a usar no es tanto, en cambio el libro electrónico ayuda, además de que termina con otra gran molestia para los autores que es el quiebre de stock. “Mi libro no se consigue en ningún lado”. Si tuvieran electrónico esa queja no existiría. El salto cualitativo de acá a tres a cuatro, años va hacer verdaderamente muy importante.

¿Te dificultó en algo ser mujer?

En realidad una sola vez tuve un acoso laboral y no fue en el periodismo. Fue antes, cuando era más chica y en otro laburo. Desde que yo trabajo nunca viví un acoso laboral importante. O que me significara salir de un trabajo o algo por el estilo. Porque no es un tema que se habla entre mujeres y hombres sino también entre mujeres. Es muy común que vos digas “y claro, a ella le dieron la mejor cobertura porque lleva la pollera más corta” y esas cosas. Sin embargo, yo puedo decir que a lo largo de los años vi crecer a muchas mujeres que no utilizaron ningún recurso y es más, disimulaban cualquier otra cosa, digamos. Creo que las mayores dificultades tienen que ver con algunas coberturas que yo estaba segura de que no iba a poder hacer y que no tenían que ver con ser mujer sino con ser judía. Entonces el mundo árabe me estaba completamente vedado. Así que te diría que tuvo que ver eso, y la maternidad que pudo ser una limitación no lo fue tanto porque como mi marido también es periodista siempre entendió la necesidad que había de correrse. De hecho él alguna vez se bajó de algún viaje para que viajara yo. O cuando mi hijo menor terminó el jardín me propusieron ir a cubrir la Revolución Naranja a Ucrania y mi hijo terminaba el jardín y yo me moría por estar ahí pero mi hijo terminaba el jardín. Y entonces mi marido me dijo “Pero va a estar el papá” y eso es algo que yo le agradezco para toda la vida, Así que no, no sentí que hubiera limitaciones

Cuando estudiabas Letras y militabas en el PC, ¿te imaginabas esto?, ¿te habías propuesto una carrera?

Volviendo a la pregunta original, cuando yo estudiaba Letras me imaginaba esto. Lo raro fue lo que vino después, que a los 25 años era una señora de country cuidando a mi bebé, eso era raro. Duró poco tiempo, habrá durado tres o cuatro años y cuando volví ya no me fui más, digamos. Y cuando volví a la facultad y al diario con Telma y todo eso, ahí era yo. Creo que lo que nunca imaginaba era lo de Internacionales, no, por supuesto que no. Pero cuando yo entré a estudiar Letras, si vos miras la salida laboral era Periodismo especializado y Edición y se me terminaron dando las dos cosas.

¿El futuro?

Estoy trabajando en algo que les va a gustar que es la edición española para NevskyProspects. Es una pequeña editorial que trabaja sobre temática rusa. Le mandé el libro a la editora y me contestó ahora, hace poco, que era lo que más le había gustado así que probablemente el año que viene salga. Va a salir en España y va a salir con una especie de actualización de Putin, así que estoy básicamente trabajando en eso y estoy en varios proyectos más pero no me da el tiempo. Empecé a laburar en una columna de La Nación que sale cada 15 días, un mes en Enfoques y escribo las cosas que me gustan y me piden. Escribimos con mi hijo para El Explorador una nota muy grande de Cultura Rusa. A veces trato de engancharme con alguien con cosas muy grandes que siento que me desbordan y me encanta hacer la experiencia. Estoy muy acostumbrada a trabajar en equipo, así que eso a mí no me asusta. Hay cosas de la escritura que son muy individuales, pero en el periodismo puede ser un muy buen ejercicio trabajar en equipo. Tengo presentados dos proyectos de televisión. Uno en ciudad Abierta y otro en Encuentro. Me gusta el periodismo bien escrito, y cuando digo bien escrito no digo que tenemos que ser novelistas, sino preocupados por cómo lo escribimos. Nos preocupamos por buscar la información y nos preocupamos también por cómo transmitimos esa idea; me parece fundamental. También en la radio y la televisión. Cuando escuchas a María O´Donnell hablar, ahí te das cuenta cuando una mujer es leída y bien hablada y preocupada en cómo comunicar. Se preocupa por decir las cosas de una manera clara pero bella. María en ese sentido es como un modelo haciendo radio y no lee, habla bien. Y eso es importante, es muy buena.

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Esta entrada fue publicada en 20 diciembre, 2013 por en Entrevista y etiquetada con , , , , , , .

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