REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Estereotipas

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Por Bibiana Ruiz

Diez mujeres, de Marcela Serrano

Novela, 303 páginas.

Punto de lectura / Prisa Ediciones

Natasha, rusa y terapeuta, realiza el archi trillado experimento de reunir un día a nueve de sus pacientes. Todas mujeres, todas chilenas, cada una contando la historia de su vida en un capítulo que además lleva por título su nombre. Todos relatos en primera persona menos el último, el que habla de la psicóloga, que está contado por su asistente porque sería poco profesional que ella misma contara su historia.

Diez mujeres, de Marcela Serrano (Chile, 1951) no es un libro de autoayuda pero, como todo el mundo necesita hoy sentirse identificado, bien funciona como tal. Entonces, no importan las frases hechas ni los lugares comunes (que los hay a montones) porque hay quilombo, drama, sufrimiento, prejuicios, quejas y trastornos de moda. Suficiente para ser efectista. Y está prolijo, tiene alguna que otra frase que sobresale, los personajes están bien logrados: todas unas desgraciadas monologando en una especie de retiro holístico-espiritual consolándose a sí mismas. Se nota que hubo investigación no sólo de perfiles psicológicos sino también de historia. Sin embargo, las descripciones larguísimas aburren, la adjetivación excesiva cansa y, de tanto querer abarcar todos los temas heavies (alcoholismo, depresión, sexualidad, exilio) que se presumen interesantes, la novedad se pierde.

En la tapa, abrigos y carteras colgando de un perchero. Son los despojos que dejaron antes de entrar a la gran sesión estilo Vulnerables. En el interior, mujeres con una necesidad imperiosa de contar sus miserias, no de compartir. En la contratapa, hombres halagando cómo habla una fémina del alma de las mujeres. Algo anda mal. Un libro puede ser terapéutico pero nunca una terapia. El alma femenina es más profunda y compleja de lo que la pintan y lo único que hace este tipo de libros es resquebrajarla, arrugarla. Se piensa que el mundo necesita de estas historias (con la argumentación de que las mujeres somos bichos raros) y en realidad pasan del intentar entenderlas al estereotiparlas, sin escalas.

Marcela Serrano (Chile, 1951) escribe por la mitad del libro haciendo hablar a una paciente: “La historia de una siempre es parte de la historia de otras”. Un poco más adelante, otra paciente: “Es la forma actual de vivir otras vidas, es la nueva forma de contar historias”. Después, en el Epílogo y en palabras de Natasha: “Al final todas, de un modo u otro, tenemos la misma historia que contar”. Pues no. Por más que el noventa y cinco por ciento de los lectores sean mujeres y que sea una historia de mujeres escrita por otra mujer, la tal masa uniforme pretendida no existe, por suerte, en el mundo real.

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Esta entrada fue publicada en 16 abril, 2014 por en Reseña y etiquetada con .

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