REVISTA DAMASCO

La piel y el carozo

Muerte Indoor

tapa urman

Por Guillermo Tangelson

No te mates en mi verde cultivo.
Julián Urman
Editorial Tamarisco – 2013
98 páginas.

Estoy leyendo la novela de Julián Urman en el tren Roca, mi oficina ambulante en la que escribo, corrijo y en la que ahora estoy empezando esta reseña.
Se me acerca un tipo de unos cuarenta y pico. Perdón, me dice, pero ¿Qué estás leyendo? Se ve que le sorprende que uno se doble de risa frente a un libro. Pongo el dedo a modo de marca página en la 84 y, tratando de apaciguar mi risa, le muestro: «No te mates en mi verde cultivo». Creo que lo lee cómo tres veces, porque luego de un rato, al fin me pregunta casi con escepticismo:«¿Y está bueno?». Es hilarante, le digo.
El tipo en cuestión pone cara de mirá vos y en un exceso de sociabilidad, me pregunta de qué se trata. Para ese momento ya dejé de reírme. Le respondo: es sobre un suicida y alguien que lo sobrevive. (sé que no es del todo exacto, pero pondero mi poder de síntesis con mis ganas de seguir leyendo y quedo satisfecho). El tipo me mira con cara de ¿me estás jodiendo?. Como intuyo que hasta Constitución no va a parar su Inquisición, le pregunto: ¿Alguna vez te explicaron un chiste? Dice algo parecido a un sí, pero desinflado. Bueno, le digo entonces, viste que un chiste explicado no causa gracia… ¿Y acá pasa eso? Dice, como hablándole al libro en voz baja para que no se ofenda. Espero que no, digo con mi dedo prisionero a la espera del desenlace.
Pienso en los elementos que funcionan en la novela y trato de explicarle a mi improvisado interlocutor la receta de cómo reír en un medio de transporte público atestado de gente, que es, a fin de cuentas, el motivo por el que me interpeló en primer lugar.
Hay un antihéroe que está solo en su casa, su mujer está de viaje, por el fin de semana, por laburo. Este personaje es adepto a la pornografía, pelado, sudoroso, borracho, y tiene un cultivo de marihuana en su casa. Hay un ruido sordo, al que el protagonista no le da mayor importancia. A lo que sigue una delirante sucesión de personajes que van a cambiar su apacible rascada de bolas. El primero de ellos es un policía, que le indica que un hombre se ha suicidado en el techo de su casa. La policía no lo sabe, pero ese es el techo en el que cultiva de manera amorosa sus plantas de marihuana. El protagonista lo oculta. Durante algunas horas, la policía dejará el cuerpo en el techo, lo que da lugar a una caravana de estrafalarios personajes que va desde el personal de la policía científica, los bomberos, los de la morgue, vecinos, vecinas de rulos, verduleros. Todos ellos gozan de un anonimato que refleja cierto grado de alienación y de futilidad ante la muerte. Una se hace llamar «chica de rulos», el otro «bigote», aparecen unos hidrolavadores que son «Bill Murray y el Chaqueño Palavecino», todo muy anclado en lo físico, en lo capilar, te diría, cómo si todos fueran un paréntesis en el tiempo para distraer la presencia de la muerte.
El cuarentón me mira y, como ya estamos llegando a Constitución, le digo para sintetizar que ésta novela (me tienta decirle «nouvelle», pero me inhibo porque me parece medio caretón para el conurbano), desenmascara con diálogos desopilantes el absurdo de la muerte. Incluso las instrucciones para el cultivo Indoor funcionan como un compás que recuerda a la muerte, como los ascetas, que no nos dejan olvidar que la muerte nos llegará a todos y que, como dice Urman, no es consuelo que tarde en llegar. Incluso en la siembra y cuidado de una planta aparece, inevitable, la muerte, como una presencia ominosa. Muerte que encuentra en el suicida su metáfora y su representación y que convierte al relato en algo por momentos fantasmagórico. Dudamos. Creemos ver al suicida, porque cómo todo parece ocurrir en la cabeza del protagonista, o desde su cabeza, todo lo que le pasa está impregnado de su forma de ver la vida (y la muerte) con todos los miedos y las fantasías que derivan de ahí.
Mi compañero de viaje parece satisfecho por mi improvisada reseña y sella el final del viaje y de la conversación con un creo que me lo voy a comprar que suena convencido. Yo sigo leyendo las páginas que me faltan y me río hasta que llego al final.

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Esta entrada fue publicada en 10 junio, 2014 por en Reseña y etiquetada con , , , , .

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